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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 81

Al decir eso, todas las miradas se posaron de inmediato en sus labios. El labio inferior de Felisa estaba enrojecido y ligeramente hinchado, con una marca evidente, como si la hubieran besado con demasiada intensidad.

Bianca Valenzuela no tardó en hablar, con un tono cargado de sarcasmo venenoso: —Escuché que ayer fuiste a la Cumbre de Innovación Tecnológica y regresaste tardísimo. No me digas que... algún hombre te dejó esa marca.

Felisa Valenzuela mantuvo una expresión impasible. Con lentitud y elegancia, levantó su vaso de leche de almendras, dio un sorbo y, al clavar su mirada en ella, sus ojos reflejaban un innegable desdén.

—En lugar de estar tan pendiente de mi vida, deberías invertir esa energía en mejorar tú misma.

Esa frase, pronunciada con tanta ligereza, resonó como una sonora bofetada en el rostro de Bianca. Hacía apenas unos días se había llenado la boca alardeando que conseguiría la representación exclusiva de Vitti, pero no solo había fracasado rotundamente, sino que había hecho el ridículo frente a todos los altos ejecutivos de la empresa, perdiendo cualquier rastro de dignidad.

El rostro de Bianca se desfiguró por el coraje y su voz se volvió estridente: —¡Lo digo porque me preocupa que tu comportamiento descarado y tus aventuras nos perjudiquen! Si Don Arturo Hernández se llega a enterar, ¡toda la familia Valenzuela pagará las consecuencias por tu culpa!

—No te molestes en preocuparte por eso —respondió Felisa con una tranquilidad gélida—. Don Arturo me adora, ya perdonó lo que ocurrió en el pasado y hasta me prometió una nueva oportunidad. De hecho, esta noche me reuniré formalmente con Enzo.

Felisa esbocó una leve sonrisa desafiante que casi hizo que Bianca apretara los dientes hasta romperlos de pura rabia.

En ese preciso instante, el sonido de una notificación interrumpió la tensión. Bianca revisó su celular y un destello de emoción maliciosa cruzó por sus ojos.

—Me pregunto si la familia Hernández sería tan comprensiva y te aceptaría sin resentimientos si supieran todo lo que hiciste en San Cristóbal durante estos tres últimos años.

Haber convivido con otro hombre durante tres años... Seguramente su reputación estaba por los suelos. ¿Y aún así tenía el descaro de pretender unirse a la prestigiosa familia Hernández?

Bianca creía tener en sus manos el arma letal para destruirla y solo esperaba ver el terror y la humillación en el rostro de Felisa.

Pero Felisa simplemente entrecerró los ojos y su mirada se volvió cortante: —¿Me estás investigando?

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