Alfonso Lozano acortó la distancia con pasos rápidos y furiosos, y la agarró del brazo con violencia.
—Felisa Valenzuela, ¿a dónde crees que vas a esconderte?
Su agarre era tan brutal que sus nudillos casi se clavaban en la piel de Felisa. El dolor la hizo fruncir el ceño al instante.
—¡Suéltame!
—¿Qué haces aquí? —lejos de soltarla, Alfonso apretó más, y su voz sonó amenazante.
Hugo Vargas había investigado a fondo y descubierto que la mujer que compartía nombre y apellido con su novia era nada menos que la heredera de la familia Valenzuela en Santa Fe. Tras confirmar la información anoche con Santiago Torres, Alfonso había tomado un vuelo privado de inmediato para regresar a la ciudad.
De pie en el inmenso aeropuerto, no supo a dónde ir para buscarla. Instintivamente condujo hasta el edificio de Corporación Valenzuela, pensando que tal vez tendría suerte, sin imaginar que realmente la vería aparecer.
¿Acaso era cierto? ¿Ella era la heredera de los Valenzuela y no la huérfana desamparada que él siempre creyó que era?
La furia de haber sido engañado se alzó como una ola gigante, consumiéndolo por completo.
La expresión de Felisa era tan fría como el hielo. —Te dije que me sueltes, ¿estás sordo?
Al ver que él no movía ni un músculo para liberarla, la rabia estalló en el pecho de Felisa. Sin pensarlo dos veces, levantó la mano libre y le cruzó la cara con una bofetada fulminante.
¡Plaff!
El sonido seco resonó en todo el estacionamiento.
La cara de Alfonso quedó ladeada por el impacto y en sus ojos se asomó una incredulidad absoluta. La Felisa que él conocía siempre había sido dulce, dócil y complaciente. Jamás le había levantado la voz, y mucho menos la mano.
—¡Pero yo también te amo! Solo que cada vez que me rechazabas, mi ego no lo soportaba. Fue un momento de debilidad, por eso me enredé con Isabella...
—No te reclamaré que hayas vendido la mitad de las acciones de Vento Corp. Empecemos de cero, ¿sí? Te lo ruego.
Felisa lo escuchó sin que se le moviera un solo músculo del rostro, como si le estuvieran contando una historia aburrida de un completo desconocido. Su corazón era un lago en calma absoluta, sin una sola onda.
Cuando él terminó, ella dejó escapar una risita seca, cargada de un desprecio absoluto. —Alfonso, todo lo que tienes, te lo di yo. Deberías besar el suelo agradeciendo que solo vendí la mitad de Vento Corp y no te dejé en la calle.
—Cuando empezamos a salir, sabías perfectamente que yo tenía traumas profundos por lo que pasó en mi pasado. Fuiste tú quien me juró que no te importaba, que te quedarías a mi lado hasta que sanara.
—Pero jamás imaginé que, durante los tres años que yo creí vivir en un cuento de hadas contigo, me estuvieras traicionando a mis espaldas durante dos.
—Dime algo, cada vez que te acostabas con ella y satisfacías tus deseos... ¿cómo podías tener la sangre fría de volver a casa y dormir plácidamente a mi lado?

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