Al escuchar el chirrido de los frenos a sus espaldas, Felisa apenas giró la cabeza para echar un vistazo indiferente.
Alfonso, al ver que ella volteaba, sintió un golpe de esperanza en el pecho. Sin embargo, antes de que esa pequeña chispa de alegría pudiera crecer, la mujer apartó la mirada y siguió caminando a paso firme, sin mirar atrás.
La última luz que brillaba en los ojos de Alfonso se apagó por completo.
Como si estuviera sordo ante las palabras sarcásticas de Pablo, Alfonso se levantó torpemente, con la mirada perdida y el alma destrozada, tambaleándose hasta subir a su auto.
Por otro lado, Felisa acababa de salir del ascensor cuando su celular comenzó a sonar con insistencia.
Al contestar, la voz llena de odio de Isabella Quintana estalló en su oído.
—Felisa, si ya te habías largado, ¿por qué tenías que volver y aparecerte? ¡Por qué no te largas bien lejos!
Esa misma mañana, al llegar a la oficina, Isabella se había enterado de que Alfonso había tomado un vuelo a Santa Fe a primera hora.
Recordando cómo Alfonso había perdido por completo el control durante la cumbre solo por ver a una mujer de espaldas que se parecía a ella, Isabella estaba convencida de que Felisa se había presentado ante él a propósito.
El tono de Felisa fue tan frío como una roca, sin dejar entrever la más mínima emoción: —Isabella, ¿qué mosca te picó ahora?
—¡Alfonso es el presidente de Vento Corp y ahora está acorralado, no puede mover ni un dedo! Ya terminaron, ¿por qué no lo dejas en paz de una maldita vez?
—Yo estuve a su lado desde el primer día para levantar Vento Corp. Lo que me llevé fue simplemente lo que me correspondía por derecho.
—¡Pero no tenías que vendérselo a Corporación Draconis!
—Se lo vendí al mejor postor. Nadie está peleado con el dinero, ¿no crees? —Felisa soltó una risa ligera y afilada—. Alfonso siempre presumía que eras su asistente estrella. Señorita secretaria, supongo que no querrá estar con él solo en la riqueza, también querrá apoyarlo en la desgracia.
—¡Lo hiciste a propósito! —la voz de Isabella temblaba de ira—. Alfonso fundó Vento Corp con su propio sudor. ¿Qué tenías que ver tú en esto, una vieja que solo servía para hacerle de comer? Solo fuiste su sirvienta por tres años, a lo mucho merecías unos miles de pesos por tu servicio. ¿Con qué derecho te atreves a llevarte la mitad de la empresa?
—No tengo por qué darte explicaciones. Ya que llevas al heredero en tu vientre, deberías usar tu tiempo pensando en cómo convertirte en la señora de la casa, en lugar de ladrarme.
Esa frase golpeó exactamente en la herida más profunda de Isabella.
Al escuchar el tono de ocupado cuando Felisa le cortó la llamada, el rostro de Isabella se desfiguró de pura rabia, apretando el teléfono con tanta fuerza que casi se le resbala.

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