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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 95

Felisa lo empujó asustada y retrocedió un par de pasos, marcando distancia deliberadamente. Era evidente que intentaba evitar cualquier malentendido.

—Yahir, si sabías perfectamente que me iba a comprometer con la familia Hernández, ¿por qué me ocultaste tu parentesco con Enzo?

Los oscuros y rasgados ojos del hombre se volvieron gélidos de inmediato, y su tono se cargó de desapego.

—Señorita Valenzuela, le recuerdo que no fui yo el que se lanzó a los brazos de su salvador aquella noche.

—...

Felisa se quedó pálida, pero poco a poco recuperó la calma.

—Lo siento. Acabo de enterarme de la conexión que tienen y me resultó un poco difícil de asimilar.

En San Cristóbal, casi había sido ultrajada por tres delincuentes, y fue Yahir quien apareció justo a tiempo para salvarla. También había sido ella quien, perdiendo el control, le había arrebatado su pureza.

Ella había tomado la iniciativa, así que no tenía derecho a enojarse con él.

Yahir sacó un cigarrillo, se lo llevó a los labios y lo encendió. La llama brilló fugazmente y el humo comenzó a difuminarse lentamente, suavizando las frías y hermosas facciones de su rostro.

—¿Tanta prisa tienes por unirte a la familia Hernández por culpa de haber huido la vez pasada? ¿O es que te da igual con quién casarte, siempre y cuando entres a esa familia?

Felisa se quedó estática. Tras un momento de silencio, respondió en voz baja.

—Simplemente creo que es un buen partido.

—Esta noche ya conociste a mi tío. ¿Cumplió con tus expectativas?

—No lo sé. Es... diferente a lo que imaginaba.

Enzo era atractivo, pero no diría que era increíblemente deslumbrante. Sin embargo, por lo poco que hablaron, parecía ser de carácter amigable y fácil de tratar.

Si tuviera que vivir respetuosamente el resto de su vida con un hombre así, no sonaba como una mala opción.

Yahir exhaló el humo lentamente y preguntó con tono despreocupado.

—¿En qué sentido diferente?

—Mi papá decía que era apuesto, elegante, uno en un millón, pero yo opino que... ni siquiera es tan guapo como tú —murmuró Felisa en voz baja.

—Si no te convence, quizás podríamos cambiarlo por alguien más.

El corazón de Felisa dio un vuelco.

¿Cambiar de persona?

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