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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 96

¡Era una completa tentación!

El silencio reinó en el interior del auto durante todo el trayecto. En poco tiempo, el vehículo se detuvo frente a la mansión de los Valenzuela.

—Gracias.

Felisa agradeció en voz baja, pero justo cuando sus dedos rozaron la manija de la puerta, una mano grande y ardiente aferró su muñeca con una fuerza dominante, impidiéndole escapar.

Se giró por inercia, y el hombre ya se había inclinado hacia ella. Sus labios, fríos pero cargados de un calor volcánico, se posaron sobre los suyos sin dejarle opción.

—Mmh... Yahir...

Él apretó ligeramente el agarre en su muñeca, mientras con la otra mano sostenía su nuca, acorralándola sin escapatoria entre el asiento y su cuerpo.

Su beso era avasallador y ardiente. Entre el roce de sus labios y dientes había una posesión absoluta e irrefutable, devorando de golpe todas sus resistencias y su respiración.

Felisa sintió que el cuerpo se le derretía; su conciencia se iba desvaneciendo poco a poco, dejando únicamente el calor embriagador que compartían.

Sus labios descendieron, succionando y besando con lentitud, y al acercarse a su pecho, aquel aroma a tabaco y pino la envolvió por completo. Su raciocinio se rompió en mil pedazos, hundiéndola en la vorágine de la pasión.

—¡Piiiip!

El sonido estridente del claxon cortó de tajo el silencio de la madrugada.

Felisa dio un respingo, y su mente nublada regresó a la realidad de golpe. Desesperada, levantó las manos para apartar la cabeza del hombre que seguía hundida en su cuello.

—¡Yahir, hay alguien afuera!

Estaba muerta de vergüenza y rabia. Su voz salió temblorosa y suave, provocadora sin siquiera notarlo.

Pero a Yahir, en pleno estado de efervescencia, poco le importaba lo que pasara al otro lado del vidrio.

La sujetó firmemente por la nuca y volvió a sellar sus labios con una fuerza casi obsesiva.

Felisa estaba al borde del colapso.

¡Él estaba loco, y ella estaba a punto de volverse loca también!

¡¿Por qué demonios había dejado que se sobrepasara en ese lugar?!

Estaban justo frente a su casa. Si alguien los veía, no tendría cómo explicarlo aunque tuviera mil bocas.

Afuera, Lorena presionaba el claxon, con el ceño fruncido mientras observaba el Maybach estacionado frente a la puerta.

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