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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 800

Por fin llegó el día del viaje de campamento.

Desde temprano, la mansión de la familia Miller estaba mucho más animada de lo habitual. Los empleados iban y venían con los últimos objetos que debían cargar en los vehículos. El jardín delantero estaba lleno de maletas, bolsas de equipo y todo tipo de artículos para acampar que habían preparado durante los últimos días.

Grace era la más emocionada de todos. La pequeña corría de un lado a otro con su nuevo sombrero para acampar, que mostraba orgullosa a cualquiera que se cruzara en su camino.

—¡Mamá! ¿Trajiste mi almohada de conejito?

—Sí.

—¿Mi bolsa de dormir?

—Sí.

—¿Mi libro para colorear?

Althea exhaló despacio.

—Sí, cariño.

Grace asintió satisfecha y corrió de vuelta hacia el auto.

—¿Y si...?

—Grace —la interrumpió Althea.

La pequeña se detuvo y miró a su madre.

—¿Sí, mamá?

—Todas tus cosas ya están empacadas.

Grace sonrió.

—¡Está bien!

Luego volvió a salir corriendo sin la menor señal de cansancio. Al otro lado del jardín, Josh cargaba varios objetos que consideraba imprescindibles para el campamento.

—¿Por qué llevas una pelota de básquetbol? —preguntó Daven mientras arqueaba una ceja.

Josh lo miró confundido.

—Porque quiero jugar básquetbol.

—Vamos de campamento.

—Ya sé. —Josh aún no entendía qué quería preguntarle su padre.

—Vamos a una zona montañosa, Josh.

—Eso también lo sé.

Daven señaló la pelota.

—Entonces, ¿para qué llevas eso?

Josh se encogió de hombros.

—¿Y si hay una cancha?

Daven se frotó la sien, pero, por lo visto, su suplicio aún no terminaba. Unos minutos después, Josh reapareció con otras dos bolsas.

—¿Y ahora qué llevas?

—Equipo de pesca. —Josh alzó ambas bolsas con entusiasmo.

—Ni siquiera sabes si hay un lago allá.

—¿Y si lo hay? —replicó Josh.

Daven guardó silencio.

—También traje un dron.

—Dios mío. —Daven se dio una palmada en la frente.

—Y una bocina.

—Josh.

—Y...

—Basta.

Josh rio satisfecho. Nathan, que presenció la escena, rio divertido.

—Déjalo —dijo—. Los chicos son así.

Todos se volvieron hacia él y Chris se aclaró la garganta.

—¿Qué hace un pez en el gimnasio?

Nadie respondió. Pasaron varios segundos en silencio.

—Nada.

Josh suspiró largamente.

—¿Por qué ya me arrepiento de haber escuchado eso?

Chris puso cara de ofendido.

—Nadie aprecia mi humor.

—Porque no tuvo gracia, tío Chris —respondió Eli sin apartar la mirada del celular—. Mejor ayúdame a resolver este rompecabezas.

—No, gracias —contestó Chris—. Tus juegos no son lo mío.

Josh estalló en carcajadas. Grace también rio, aunque era evidente que no había entendido el chiste. Naomi, sentada junto a la ventana, no pudo contener una sonrisa.

Por primera vez desde que pasó a formar parte de aquella familia, vio cómo se relacionaban los Miller cuando no tenían ningún problema que resolver.

Bromeaban, se molestaban y reían juntos. De algún modo, reinaba un ambiente muy cálido. Sin darse cuenta, Naomi comenzó a disfrutar del viaje. Los árboles que se sucedían tras la ventana le parecieron mucho más agradables de lo que había imaginado.

Lydia, sentada a su lado, la observó en silencio. Cuando vio la sonrisa de la joven, sintió alivio. Al menos, aquel viaje le estaba haciendo bien a Naomi.

—¿Te gusta el viaje?

La pregunta tomó por sorpresa a Naomi. Se volvió y vio que Lydia le sonreía con dulzura.

Naomi tardó un momento en responder. Miró hacia delante y vio a Josh, que discutía con Chris; a Grace, ocupada en contar sus grandes planes para el campamento; a Nathan y Riana, que disfrutaban de todo el alboroto, y a Daven y Althea, pendientes de su pequeño bebé.

Poco a poco, Naomi volvió a sonreír.

—Creo... —dijo en voz baja—. Sí, me gusta.

Lydia le sonrió con más cariño.

—Me alegra escucharlo. —Le acarició la cabeza—. Disfruta del viaje. Formas parte de nuestra familia. Que no te dé pena.

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