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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 805

Eli solo pudo negar con la cabeza, resignada. Mientras tanto, Naomi se encontró de pie en medio de todo aquel alboroto.

Al principio solo observaba. Luego Grace le tomó la mano. Después Josh la arrastró al juego. Cuando quiso darse cuenta, ya reía con ellos.

Era una risa auténtica y despreocupada. No aquella risa de cortesía ni la sonrisa que había mostrado hasta entonces. Tampoco era una pose destinada a complacer a los demás, sino una risa que le nacía con naturalidad por lo que ocurría frente a ella.

Por primera vez desde que llegó a Solaviz, don Falcon, el testamento de la familia Devereux y la tragedia que casi la separó de Cale y Lydia dejaron de acaparar sus pensamientos.

Cuando terminó la cena y la fogata cobró fuerza, toda la familia se reunió poco a poco a su alrededor. La luz de las llamas jugueteaba sobre las caras de todos los que estaban sentados en un círculo amplio. De vez en cuando, pequeñas chispas se elevaban y se perdían en la oscuridad de la noche.

Las historias comenzaron a sucederse. Primero hablaron de la infancia de Daven y Althea, mientras ambos intercambiaban miradas de incredulidad. Luego recordaron las travesuras de Chris, que Cale confirmó sin discutir demasiado, y algunas extrañas costumbres de Cale que pocos conocían.

Después salieron a relucir varios incidentes vergonzosos que convirtieron a cada miembro de la familia, uno tras otro, en blanco de las bromas. Las risas no cesaban y el ambiente era cálido, acogedor y lleno de vida.

Nathan contempló la escena en silencio. Miró una cara tras otra, las de sus hijos, sus nietos y todos los que se habían sumado a la gran familia reunida alrededor de la fogata.

Riana, sentada a su lado, le tomó la mano. Nathan se la apretó a su vez y dejó escapar un largo suspiro. Los ojos se le humedecieron un poco mientras contemplaba las llamas frente a él.

—Ha pasado muchísimo tiempo.

Nathan habló en voz baja, pero con suficiente claridad para que todos alrededor de la fogata lo oyeran.

—Muchísimo tiempo desde la última vez que toda la familia se reunió así.

Durante unos instantes, los envolvió un silencio reconfortante. Nadie habló, ya que todos entendían lo que Nathan sentía. Juntos habían pasado por malentendidos, separaciones, pérdidas y un problema tras otro que nunca parecía darles un respiro. Pero esa noche era distinta.

Esa noche estaban juntos bajo el mismo cielo, reunidos alrededor de una fogata que templaba el aire frío de la montaña. No había conflictos, amenazas ni distancias que los separaran.

Solo eran una familia.

Riana apretó un poco más la mano de su esposo y miró a sus hijos, sus nietos y todos los que se habían sumado a la familia alrededor de la fogata.

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