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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 903

Esa mañana, Naomi se despertó no porque la luz del sol se hubiera filtrado entre las pesadas cortinas, sino por unos suaves golpes en la puerta de la habitación. Abrió los ojos despacio. Durante unos segundos tuvo la mente en blanco hasta que todo lo ocurrido el día anterior volvió a agolparse en su memoria.

Falcon, la casa antigua que parecía un almacén, el imponente portón de hierro y las palabras que todavía resonaban con claridad en sus oídos.

“A partir de mañana... aprenderás a vivir como mi futura esposa”.

Naomi empezó a respirar con un poco más de dificultad, abrumada por la presión. Se levantó de la cama, se acomodó con los dedos el cabello revuelto y miró hacia la ventana. El cielo de la mañana estaba despejado. Desde la ventana de la habitación donde había pasado la noche se veía hermoso, pero ella seguía sin tener la libertad para disfrutarlo.

La puerta se abrió despacio.

La mujer que le había llevado el almuerzo el día anterior entró empujando un pequeño carrito con el desayuno. Tenía la cara más pálida que la víspera. Incluso le temblaban las manos al colocar los platos calientes sobre la mesa.

—Buenos días, señorita —saludó en voz baja—. Le traje el desayuno.

Naomi apenas lo miró.

La habitación olía a pan recién horneado, sopa caliente, huevos, fruta fresca y té. Todo se veía delicioso, pero ningún plato logró despertarle el apetito. De hecho, le pareció que lo que le habían servido era demasiado lujoso para una prisionera.

—No tengo hambre.

La empleada bajó la cabeza.

—Señorita... le suplico...

Naomi se dio la vuelta para mirarla. La mujer se retorcía las manos y tenía los ojos enrojecidos, como si llevara un buen rato conteniendo las lágrimas.

—Si no come... —No se atrevió a terminar la frase.

Naomi se levantó despacio de la silla.

—¿La va a castigar él?

La sirvienta negó por instinto.

—No.

A Naomi la respuesta de la empleada no le resultó nada convincente, sobre todo cuando por fin cruzaron miradas. La mujer tenía los ojos nublados por el miedo y cada vez más rojos mientras luchaba por contener el llanto. Su postura no lograba ocultar su angustia, como si escondiera algo desesperadamente.

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