Vincent mantenía la vista fija en la pantalla de la tableta, que en ese momento solo mostraba la vieja puerta de madera, bien cerrada. Sin darse cuenta, apretó los dedos junto al cuerpo.
—Si de verdad se trata de la señora Lydia, no tenemos mucho tiempo, señor.
Cale guardó silencio.
No apartaba la mirada del edificio oculto tras los árboles frondosos. Nadie se atrevió a romper el silencio. Todos los miembros del Dragón Negro esperaban la decisión que solo un hombre podía tomar.
—¿Entramos ahora? —Volvió a preguntar Vincent.
—No.
La respuesta hizo que Vincent se volviera hacia él.
—Pero...
—Precisamente porque hay muchas probabilidades de que sea Lydia.
Vincent lo miró con desconcierto y luego siguió la mirada de Cale hacia la vieja construcción.
—Silas sabe que vendré —dijo Cale.
—¿Está seguro, señor?
Cale asintió apenas.
—Puede que Hector no esté de su lado, pero Silas es lo bastante astuto como para contemplar esa posibilidad. Nunca prepara un solo plan.
La expresión de Cale se endureció.
—Si irrumpo ahora... —Se detuvo un instante—. Le sigo el juego que preparó.
Al escucharlo, los hombres que estaban cerca intercambiaron miradas, pero nadie objetó. Solo unos cuantos conocían bien a Silas, aunque la mayoría coincidía en que no era la clase de adversario que dependiera únicamente de la cantidad de hombres o de la potencia de fuego. Resultaba mucho más peligroso, pues siempre preveía el peor escenario antes siquiera de que su rival actuara.
Cale extendió la mano.
—La tableta.
Vincent se la entregó.
Unos segundos después, Cale amplió el mapa digital de los alrededores del edificio. Ya no se concentraba en la casa vieja, sino en el bosque que la rodeaba.
—Desplieguen el segundo dron.
Uno de los hombres abrió otro maletín en la parte trasera de un vehículo.
—Súbanlo a ciento cincuenta metros —ordenó Cale.
—Entendido, señor.
El segundo dron despegó y se elevó más que el primero hasta que la cámara pudo abarcar toda la zona desde el aire. La pantalla de la tableta que sostenía Vincent cambió a una toma aérea mucho más amplia, que reveló el inmenso bosque de pinos, el sinuoso camino de tierra, las laderas rocosas y la estrecha zanja que rodeaba el viejo edificio.
A primera vista, todo parecía de lo más normal. No había nada sospechoso ni indicios de que existieran varios niveles de seguridad.
Vincent examinó la pantalla, intrigado.
—No veo nada.
—Eso es porque sigues concentrado en el edificio —respondió Cale con calma mientras tomaba la tableta.
Con un par de toques, amplió el sector norte de la zona.
—Mira el suelo.
Vincent volvió a fijar la mirada en la pantalla. Al principio no distinguió nada extraño, pero, a medida que ampliaba la imagen, se le fue tensando el gesto. Entre los arbustos silvestres se distinguían varias líneas rectas, demasiado precisas para formar parte del bosque. Eran casi imperceptibles si no se observaban con mucha atención.
—¿Cables? —murmuró Vincent.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...