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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 917

El dolor regresó.

Al principio no fue más que una molestia sorda en el vientre que aparecía de vez en cuando desde la noche anterior. Lydia pudo soportarlo. Supuso que su cuerpo solo estaba agotado por la falta de sueño y la implacable presión de los últimos días. Pero esa mañana el dolor se volvió mucho más agudo y se fue extendiendo hasta cortarle la respiración varias veces.

Cerró los ojos por un instante mientras se aferraba al borde de la cama.

“Ahora no... por favor”.

Lydia respiró hondo e intentó controlar el dolor, que aparecía cada vez más seguido. El sudor comenzó a humedecerle las sienes, a pesar de que el aire de la montaña que se colaba por la ventana todavía era bastante fresco.

Pasaron varios minutos. En lugar de calmarse, el dolor regresó con mayor intensidad.

Lydia se mordió el labio inferior para no emitir ningún sonido. No quería que nadie en la habitación supiera por lo que estaba pasando. Mientras pudiera soportarlo, se negaba a mostrar cualquier debilidad ante los hombres de Silas.

Pero el cuerpo no siempre se podía controlar.

La mano con la que se sostenía del borde de la cama fue perdiendo fuerza. La vista se le empezó a nublar y, sin querer, derribó el vaso de agua que estaba en la pequeña mesa junto a la cama.

¡Crac...!

El vidrio se hizo añicos contra el suelo.

Un instante después, la puerta de la habitación se abrió. Un guardia entró a toda prisa, con Jasper unos pasos detrás de él. Jasper acababa de acompañar a una socia de Silas al vestíbulo principal. Ella había pedido que la llevaran a la ciudad de inmediato. Había varios asuntos relacionados con los negocios de Silas que requerían su atención.

En cuanto entró en la habitación donde tenían retenida a Lydia, Jasper posó la mirada en ella. Seguía sentada al borde de la cama, sujetándose el abdomen.

—¿Qué pasó?

—Creo que a la señora Lydia se le cayó el vaso, señor —dijo mientras señalaba los pedazos de vidrio esparcidos por el suelo. Sin embargo, parecía inseguro al hablar, pues había notado que Lydia se encogía de dolor mientras se sujetaba el abdomen.

Jasper se acercó. Cuanto más se aproximaba, más evidente resultaba que la cara de Lydia estaba mucho más pálida que apenas unas horas antes.

—¿Le duele?

Lydia negó despacio con la cabeza.

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