Jasper fue el primero en moverse en cuanto el intenso tiroteo al final del pasillo comenzó a perder fuerza. La oportunidad duró solo unos segundos, pero para él fue más que suficiente.
Levantó la mano e hizo una señal a los seis guardias que aún mantenían sus posiciones alrededor de Lydia.
—¡Ahora!
Los guardias formaron una barrera protectora alrededor de Lydia y el médico, y avanzaron deprisa por el pasillo de servicio hacia la salida trasera del edificio. Ya no cabía dudar. A sus espaldas, el tiroteo estalló de nuevo y los disparos retumbaron en el estrecho pasillo hasta volverse casi ensordecedores.
Lydia se mordió el labio. El medicamento que le había dado el médico le alivió un poco el dolor en el abdomen, pero no lo hizo desaparecer del todo. Cada paso le pesaba. El sudor le corría por las sienes y su respiración se volvía cada vez más superficial. El médico, que caminaba a su lado, tuvo que sostenerla del brazo varias veces para evitar que volviera a perder el equilibrio.
—Solo un poco más, señora —susurró el médico.
Lydia asintió, incapaz de responder. La vista se le empezaba a nublar, pero se obligó a mover las piernas para seguir a Jasper, quien continuaba despejando el camino frente a ellos.
El pasillo de servicio desembocaba en una vieja puerta de acero. Uno de los guardias la empujó con todas sus fuerzas.
¡Bang!
El aire frío les golpeó la cara.
El patio trasero se extendía ante ellos. No era tan grande como el patio delantero, pero tenía espacio suficiente para varios vehículos. Una camioneta negra ya los esperaba con el motor en marcha. Un fino hilo de humo salía del tubo de escape, señal de que el chofer llevaba varios minutos listo.
—¡Por aquí! —gritó uno de los guardias mientras hacía señas con la mano.
Jasper no respondió. En cambio, recorrió con la mirada toda la zona. Había demasiado silencio. No se oía ningún ruido ni se percibía movimiento. Precisamente por eso, su instinto le gritaba que algo no estaba bien.
—¡No se detengan! —ordenó con firmeza—. ¡Sigan avanzando!
Siguieron adelante. Apenas una docena de metros los separaba del vehículo.
De pronto...
¡Bang!
Un disparo. La bala se estrelló contra el capó de la camioneta e hizo saltar chispas.
—¡Cúbranse!
Antes de que nadie pudiera reaccionar, otra ráfaga de balas cayó sobre el patio trasero.
¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!
Los miembros del Dragón Negro que habían logrado irrumpir por la parte trasera de la casa salieron por fin de detrás del muro perimetral. Avanzaban con rapidez, buscaban cobertura en cada rincón y continuaban haciendo retroceder a los guardias de Silas.
—¡Allí!
—¡En la entrada trasera!

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...