¡Pum!
El golpe de un puño contra el hueso resonó por todo el pasillo. El impacto le giró la cabeza a Silas y varias gotas de sangre salpicaron el suelo. Se desplazó medio paso y sus zapatos de cuero rasparon el piso mientras luchaba por mantener el equilibrio.
Por un instante todo el pasillo quedó en silencio. Hasta los hombres de Silas, que ya habían levantado las armas, se quedaron inmóviles; jamás imaginaron que su líder recibiría el primer golpe.
Silas enderezó despacio la cabeza. Movió apenas la mandíbula para comprobar que el hueso siguiera intacto. Pasó la punta de la lengua por la sangre que le corría por los labios y después se limpió la sangre con el pulgar. Al ver la mancha roja, se rio.
—¿Eso es todo?
Escupió en el suelo. Una gota de sangre cayó con la saliva y dejó una mancha roja en el concreto agrietado. Silas volvió a sonreír, como si aquel puñetazo no hubiera sido más que un simple saludo.
—Creí que estarías más enojado.
Antes de que el eco de su voz terminara de apagarse, Silas atacó. Lanzó un puñetazo hacia la sien de Cale desde un ángulo que hacía casi imposible esquivarlo. Sin embargo, antes de que el puño lo alcanzara, Cale ladeó la cabeza una fracción de pulgada.
El puño pasó junto a la cara de Cale sin rozarlo. En el mismo movimiento, Cale atrapó la muñeca de Silas con la mano izquierda y apretó hasta tensarle los músculos del brazo. A la vez, le clavó el codo derecho en las costillas y no le dio espacio para respirar.
¡Pum!
El impacto sonó hueco, pero tuvo tanta fuerza que varios hombres de Silas intercambiaron miradas. Silas siseó. La respiración se le cortó por un momento, pero no mostró ninguna intención de retroceder. En cambio, giró el cuerpo, usó el agarre de Cale como punto de apoyo y descargó toda su fuerza en un golpe de hombro contra el pecho de su oponente.
¡Crac!
Los dos se estrellaron contra la pared del pasillo. El yeso, ya debilitado, se desmoronó y pequeños fragmentos de concreto cayeron alrededor de ellos. El polvo inundó el aire y nubló la vista de todos por un instante. Nadie se movió. Todos seguían cada uno de sus movimientos con la mirada, como si un solo parpadeo bastara para perderse un momento que jamás volvería a repetirse.


Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...