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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 972

Hacia el final de la mañana, Naomi se encontraba mucho mejor que unas horas antes. El dolor de la operación todavía se hacía sentir de vez en cuando, pero ya no la hacía palidecer tanto. Chris incluso consiguió que terminara casi todo un tazón de avena después de una larga discusión.

Se escuchó un golpe suave en la puerta. Chris fue el primero en voltear.

—Adelante.

La puerta se abrió despacio. Cale entró primero y luego se hizo a un lado para dejar pasar a Lydia.

En cuanto Lydia vio la figura tendida en la cama del hospital, se detuvo. No dijo nada. No apartó la mirada de Naomi, quien por fin estaba despierta y le devolvía la mirada con una dulce sonrisa.

Pasaron varios segundos sin que ninguna de las dos hablara. Lydia parecía querer cerciorarse de que lo que veía era real. La joven que apenas unos días antes había estado inconsciente ahora la miraba con ojos llenos de vida.

A Naomi se le hizo un nudo en la garganta.

—Señora Lydia.

Aquellas palabras en voz baja bastaron para que Lydia perdiera la compostura. Incapaz de contenerse por más tiempo, se apresuró hacia la cama y abrazó a Naomi con cuidado de no rozar la herida de la operación que aún llevaba vendada en el abdomen.

Por fin se le escaparon las lágrimas.

—Pensé... —dijo con la voz temblorosa por los sollozos que intentaba contener— que te había perdido.

Naomi cerró los ojos un instante. Aquel cálido abrazo disipó los recuerdos del cuarto oscuro, el sonido de los disparos y el miedo que antes la había consumido. Alzó el brazo y correspondió al abrazo de Lydia como pudo.

—Pensé... —susurró— que nunca volvería a ver a ninguno de ustedes.

Aquellas palabras hicieron que Lydia rompiera a llorar de nuevo. Negó con la cabeza.

—Nunca vuelvas a decir eso.

Naomi asintió. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Durante un rato, se quedaron abrazadas en silencio, como si necesitaran comprobar que habían sobrevivido juntas a esa pesadilla. Cale, que había estado a poca distancia, al fin suspiró y negó con la cabeza.

—Si siguen llorando así, el doctor va a creer que vinimos a dejarla peor —dijo con tono distendido.

Lydia se rio entre lágrimas. Naomi también sonrió mientras se secaba con cuidado las lágrimas.

—Lo siento.

—Si te disculpas otra vez —añadió Cale—, voy a empezar a cobrarte una multa.

Aquel comentario alivió la tensión.

Chris, que había permanecido junto a la cama todo el tiempo, los observó con una sonrisa. Por primera vez desde que ocurrió todo, vio que la vida volvía a llenar la habitación.

Lydia se separó despacio. Aún tenía la cara mojada por las lágrimas, pero su sonrisa era mucho más pacífica.

—No vine a llorar.

Naomi se secó la mejilla con cuidado.

—Entonces, ¿para qué vino?

—En realidad, quería contarte algo.

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