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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 984

Ahora la presa era él. Alzó la mirada. Bajo el tenue haz de una linterna que atravesaba la sala, la figura de un hombre emergió despacio de las sombras. Silas entrecerró los ojos. No cabía duda de que conocía esa cara. Y en cuanto comprendió quién estaba frente a él, abrió los ojos.

—¿Jasper?

El hombre se erguía a pocos pasos de él. El brazo izquierdo seguía envuelto en un vendaje delgado que asomaba bajo la chaqueta oscura. La herida de bala, que todavía no sanaba por completo, hacía que se moviera con cierta rigidez, pero la pistola con la que apuntaba a Silas no temblaba. Ya no quedaba en él ni rastro de la vacilación de antes.

Detrás de Jasper Alexander, varias figuras armadas entraron en silencio a la casa, una tras otra. Se dispersaron por todos los rincones de la sala y se aseguraron de no dejarle a Silas ninguna vía de escape.

Silas rio en voz baja. La risa sonó ronca, más como una burla forzada que como una señal de triunfo.

—Así que... —Silas se limpió con el dorso de la mano la sangre que le corría por los labios y sonrió, aunque todavía respiraba con dificultad, sin apartar la mirada de Jasper—. El perro que crie por fin mordió a su amo.

Sus palabras resonaron con la misma burla que durante años había bastado para que sus subordinados bajaran la cabeza.

Pero esa vez era diferente.

Jasper no mostró ningún cambio de expresión. La pistola que sostenía seguía apuntando al pecho de Silas. Lo miraba con calma, pero con tal agudeza que dejaba claro que ya no lo consideraba digno de respeto.

—¿Desde cuándo soy tu perro? —respondió Jasper con sequedad; apretó la mandíbula—. Te crees demasiado importante.

Silas se rio, aunque cada vibración le provocaba otra punzada en la herida del muslo.

—Yo te crie. —Lo miró con desprecio—. Te enseñé a sobrevivir. Te di un lugar cuando tantos dudaban de ti. Sin mí... —Hizo una pausa y negó con la cabeza—. No habrías sido nadie.

Jasper exhaló despacio. Por extraño que pareciera, su expresión no mostraba ningún rastro de enojo.

—Tienes razón.

Silas frunció el ceño ante esa respuesta.

Capítulo 984 1

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