Adriana apartó las manos y dijo en tono sereno:
—Me voy de viaje de negocios, ya te lo había dicho.-
La expresión de Damián se transformó de inmediato en una de lástima fingida y suspiró:
—Pobre de mi cariño, siempre trabajando tan duro. Estar casado con una mujer tan capaz me pone bajo mucha presión.
Aun así, la atrajo hacia sí, apoyando la barbilla en su cabeza, y trató de persuadirla con voz suave:
—Cuando vuelvas de viaje, te llevaré de vacaciones, ¿qué te parece? Solo tú y yo.
Adriana se dejó abrazar sin mover un músculo y cerró los ojos con fuerza.
*Abrázame, será la última vez.*
Adriana se apartó de sus brazos y simplemente dijo:
—Me tengo que ir.
Se dio la vuelta, tomó los documentos de la mesa, agarró su maleta y se marchó sin mirar atrás.
Damián se quedó allí parado, observando cómo se iba. Sentía que había algo raro en ella, pero no lograba descifrar qué era.
Tras pensarlo un poco, concluyó que simplemente estaba enojada porque él le había prometido volver anoche y no lo había cumplido.
Sonrió e hizo una llamada.
—Resérvame el conjunto Corazón del Océano. Sí, es un regalo para mi esposa.
Damián colgó y se frotó el puente de la nariz.
Adriana siempre había sido fácil de contentar, a diferencia de su caprichosa Micaela, así que no tendría que esforzarse demasiado.
...
Cinco horas después, el avión aterrizó en Costa Azul.
Apenas bajó del avión, su celular comenzó a sonar.
—Hola, ¿hablo con la señorita Jaramillo? Somos del Bufete Legis, a nuestro jefe le gustaría hablar con usted.
El Bufete Legis era el despacho de abogados más prestigioso de Puerto Serena y, además, formaba parte de Cumbre Global.
Cumbre Global tenía presencia en tantas industrias que era imposible contarlas.
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