Ella es… ¿Romina?
Ayer la familia fue a recogerla, dijeron que Romina se subió al carro equivocado y no volvió en toda la noche.
¿No decían que aún no la encontraban?
¿Cómo es que regresó de repente?
—¡Se… señorita Romina!
¿Señorita Romina?
La sirvienta se quedó helada y miró con sospecha.
¿No había solo una señorita en la casa?
Romina ignoró la expresión de asombro de la mujer, dijo fríamente «con permiso» y entró.
La sirvienta estaba claramente asustada, se hizo a un lado de inmediato y preguntó tartamudeando:
—Carolina, si ella es la señorita Romina, entonces la señorita Belén…
—¡Cállate! —Mirando la espalda de Romina, la mirada de Carolina se enfrió y sacó rápidamente su celular.
Cuando recibió el mensaje, la Sra. Salgado estaba acompañando a su esposo, escuchando a su hija tocar el piano.
El sol brillaba, la melodía del piano envolvía la mansión y el ambiente era excepcionalmente cálido.
Al ver el mensaje, se levantó de golpe, pálida como un papel.
¿Romina había vuelto?
El movimiento brusco alertó a Maximiliano y a Belén Salgado; padre e hija la miraron al mismo tiempo.
—Mamá, ¿qué pasa?
Belén dejó de tocar y preguntó confundida.
La Sra. Salgado se calmó, contuvo el pánico y dijo con voz amable y suave:
—Carolina dice que tu hermana ha vuelto.
—¿Romi regresó?
Maximiliano se levantó emocionado de inmediato, dejando a madre e hija, y bajó las escaleras con una gran sonrisa.
Belén frunció el ceño y miró con desagrado a la Sra. Salgado, murmurando:
—Esa calamidad… ¿por qué se alegra papá?
La Sra. Salgado le puso una chaqueta sobre los hombros a su hija, le acarició el cabello y dijo en voz baja:
—Tú eres la distinguida hija de la familia Salgado, recibiste una buena educación desde pequeña, tu estatus es diferente. No tienes por qué rebajarte teniendo celos de alguien inferior a ti y haciendo corajes.

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