Estela fue llevada desde su propia casa.
Zoe se quedó completamente perdida.
—¿Pero qué les pasa? ¡Mi mamá no es una criminal! ¡No pueden llevársela así!
Uno de los policías, con la cámara encendida en todo momento, respondió con voz seria:
—Señora Estela, sólo le pedimos que nos acompañe a la estación para colaborar en una investigación. Si se niega, podríamos pensar que tiene algo que ocultar y no quiere dar su declaración.
Los ojos de Estela brillaron con un destello fugaz, apretó los dedos junto a su costado, pero por fuera se mantuvo tranquila.
—Zoe, tranquila, no pasa nada. Voy a ir a la estación con los oficiales a dar mi declaración. Es rápido, en un rato regreso.
Luego, bajando la voz, agregó:
—En un momento va a llegar tu tío a la casa. Avísale que no se preocupe, ¿sí?
Dicho esto, los policías la escoltaron fuera.
Zoe se quedó parada en la sala, mirando atónita cómo se llevaban a su mamá.
Su tío estaba por llegar. Apenas entonces comprendió que ese era el recado que le había dejado su mamá.
Sacó el celular y le mandó un mensaje urgente:
[¡Tío, la policía se llevó a mi mamá! ¡Haz algo, sácala de ahí!]
...
Al principio, Estela iba serena mientras la llevaban.
Sabía que la gente de la empresa de transporte ya había recibido su paga, no tenían por qué delatarla.
Incluso si alguien la señalaba, no había pruebas sólidas para acusarla de algo grave.
Podía alegar que todo fue un error, que sólo había perdido la cabeza por culpa de Carolina, quien siempre había buscado meter cizaña entre ella y su esposo.
Si Pablo intervenía y mediaba, nada grave podría pasarle.
Además, si ella acababa en la cárcel, el escándalo dañaría la empresa de su exesposo, aun cuando ya estuvieran divorciados.
Todavía tenía en su poder el documento del divorcio simulado.
Pablo podía ser interesado y frío con ella, pero le importaba mucho la reputación de su empresa.
Sin embargo, su calma desapareció en cuanto le mostraron la grabación de su llamada con Carina.
Ahí no sólo quedaba claro cómo le indicaba a Carina que pusiera algo en la bebida, sino que también salía el nombre de Ofelia Ávila, un asunto enterrado desde hacía más de veinte años.
—Estela, ¿todavía tienes algo que explicar?
En ese instante, Estela supo que había caído en la trampa.
Intentando no perder la compostura, respondió:
—Hasta que no hable con mi abogado, no pienso decir ni una sola palabra.

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