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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 309

Cuando terminó todo en la oficina, Mauro fue a buscarla para llevarla de regreso a casa.

Por la noche, Mauro trató de comprar boletos para el cine, pero Carolina lo rechazó con gentileza.

—Hoy tengo que quedarme a trabajar más tiempo. Y creo que estos días voy a estar bastante ocupada —dijo ella, con tono cansado.

El equipo de inspección tenía tres días hábiles para investigar, así que a Carolina le quedaban unos días para organizar el proceso.

Mauro la miró, notando su manera de enfocarse en el trabajo. Le despeinó el cabello con ternura.

—Bueno, entonces vámonos a casa. Pero ya quedamos: aunque trabajes de más, tienes que dormir temprano.

Antes de casarse, Carolina era capaz de desvelarse sin problema, pero desde que vivían juntos, su hora de dormir se había adelantado bastante.

No era cuestión de ganas, sino de necesidad; a veces Mauro era muy intenso por las noches, y al día siguiente ella no podía ni levantarse de la cama.

Las reglas que habían puesto al principio de su matrimonio, la verdad, para Mauro eran como si no existieran.

En casi todo lo demás la respetaba mucho… menos en ese tema.

Al final, solo hacía caso de lo que le convenía.

...

Este caso era mucho más complicado que todos los asuntos civiles que Carolina había atendido anteriormente.

Cuando se metía de lleno en el trabajo, ni cuenta se daba de la hora. Fue hasta que Mauro fue a buscarla que se dio cuenta de que ya eran las diez de la noche.

—Ya es hora de dormir —soltó Mauro, con una mirada como de reproche, que hizo que a Carolina se le escapara una risa.

Con esa expresión, se parecía más a una esposa celosa que a otra cosa.

—Sí, solo guardo este archivo y me acuesto.

Cuando por fin Carolina se acostó, pensó que después de verla tan cansada, Mauro la dejaría descansar.

Pero Mauro la abrazó, y en un segundo su respiración la envolvió.

Solo llevaba un par de segundos besándola, cuando de pronto, el estómago de alguien hizo un sonido indiscutible.

Carolina se quedó congelada.

—Tengo hambre.

—No es lo que piensas —agregó Mauro sin darle tiempo a imaginar otra cosa—. De verdad me dio hambre.

Carolina sí había cenado antes, pero después de tanto trabajo, ya sentía el estómago vacío otra vez.

La señora que les ayudaba en casa ya estaba dormida.

Despertarla a esa hora para que le preparara algo de comer le daba pena.

Mauro, todavía con la cabeza apoyada en su clavícula, la miró antes de decir con voz ronca:

—Yo voy a la cocina a prepararte algo.

La mirada de Carolina se iluminó como en una noche de luna llena.

—Va, me encantaría.

Capítulo 309 1

Capítulo 309 2

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