Mónica extrañaba mucho a su mejor amiga, así que en el sexto día del Año Nuevo decidió llamarle a Carolina.
—¡Carito, feliz Año Nuevo!
Carolina sonrió levemente.
—¡Feliz Año Nuevo!
—Carito, ¿puedo contarte algo?
No se dio cuenta de lo distraída que estaba su amiga al otro lado de la línea.
—Sí, Moni, dime, te escucho.
Las orejas de Mónica se pusieron un poco rojas, era evidente que se sentía nerviosa.
—Carito, estoy embarazada. Apenas tengo un mes, y eres la primera persona a la que se lo cuento.
Carolina se quedó en silencio por un momento, pero enseguida soltó una risa cálida.
—¡Felicidades! Moni, vas a ser mamá.
Mónica sonrió suavemente y se acarició el vientre, aún le parecía increíble.
—¿La primera? ¿No se lo has dicho a Joel?
Mónica bufó con molestia.
—¿Para qué? Si el muy celoso quién sabe qué se está imaginando, hasta se fue a vivir al hospital. Que ni regrese si tiene tanto valor.
—Moni, tranquila. Si hay algún malentendido, hablen bien las cosas. No te enojes, el coraje no le hace bien al bebé.
—Sí, sí, ya sé. Carito, es que no tenía con quién compartirlo y pensé en ti. Oye, ¿ya casi regresas, verdad? Falta medio año, ¿no?
—Sí, así es. No te preocupes, Moni, si necesitas algo, llámame.
—Carito, ¿estás muy cansada? Se te oye la voz muy apagada.
Carolina vaciló un momento.
—Sí… Moni, mejor descansa, hablamos luego, ¿va?
Después de eso, Carolina colgó la llamada.
Durante unos días, Carolina estuvo como en un sueño, entre fiebre y escalofríos. Su compañera de cuarto le preguntó si quería ir al hospital.
—No hace falta —respondió Carolina, mirando el termómetro—. Mañana seguro se me baja la fiebre.
Después de tomar unas pastillas, la fiebre alta se convirtió en una más leve, pero aún se sentía aturdida.
Jamás hubiera pensado que, tras medio año lejos de casa, le tocaría enfermarse sola en un país extraño.
La verdad, Carolina tenía muchas ganas de llamarle a Mauro, pero temía que él le dijera: “Te lo advertí, no te fueras. Ahora mira, andas sufriendo.”
Así que se aguantó y no marcó.
Es que cuando uno se enferma, todo le afecta más.
A veces sacaba la foto de su boda y se ponía a verla, sin saber cuántas lágrimas había derramado ya.

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