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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 399

—Joel, acabo de terminar con mi pareja —dijo Mónica entre sollozos.

—No le gusto, ¿qué tengo de malo? ¿Por qué no le gusto? —seguía repitiendo, con la voz entrecortada.

En aquel entonces, ¿qué fue lo que le contestó Joel?

Él sonrió con calma.

—Mónica, no tienes nada de malo. Eres increíble. Habrá alguien que te quiera, te lo prometo.

Luego, con un tono juguetón, añadió:

—Si él no te quiere, ¿qué tal si yo te quiero?

Pero esa noche, Mónica había llorado tanto que no recordaba nada de lo sucedido.

Mientras tanto, Joel siempre había seguido actuando como el rival que Mónica tanto decía odiar.

Todo ese pequeño paraíso lo sentía robado, y por eso, a veces, le daba miedo perderlo.

...

De regreso a casa, Joel apenas cruzó la puerta cuando Mónica, con la voz algo fastidiada, le soltó:

—Joel, tu hija se hizo pipí. ¿Por qué te tardaste tanto en volver?

Al ver a Mónica con el ceño fruncido y los labios apretados, Joel sintió cómo se le ablandaba el corazón.

—Ya llegué —le dijo, acercándose.

—Perdón, tuve que quedarme por una reunión —explicó.

Mónica se acercó y olfateó discretamente su ropa.

—Bueno, al menos no hueles a perfume de mujer. Joel, si algún día me entero que andas de infiel, olvídate, no la cuentas.

Joel suspiró y soltó una risa resignada.

—Mi reina, aunque me estuviera despidiendo de este mundo, ni así te pondría los cuernos.

—¡Joel! ¿Pero qué cosas dices? —reviró Mónica, cruzándose de brazos, molesta.

No entendía cómo había alguien tan dispuesto a echarse maldiciones encima solo por bromear.

—Ya, ya. Me equivoqué, ni lo digas, mejor toquemos madera.

Sin embargo, Mónica notó que Joel parecía de mejor ánimo ese día.

¿Será que los hombres también tienen cambios de humor tan repentinos?

...

Esa tarde, Mónica recibió la noticia de que su tía Petra quería visitarla. Por más que intentó negarse, no pudo, así que terminó aceptando la visita.

En realidad, la excusa de la visita era solo eso. Lo cierto era que Petra venía a reclamarle por las acciones que había recibido.

—Sí, mi abuelo siempre dijo que ese paquete era para mi papá, pero como él ya no está, pues ahora solo podía pasármelo a mí. Además, así tengo algo de dinero propio y no corro el riesgo de que la familia de mi esposo me quiera hacer menos, ¿no crees, tía?

Sabía que el corazón humano era impredecible, pero también que su abuelo había planeado todo pensando en ella.

Era la forma en que el abuelo le recordaba a la familia Ramos que, aunque estuviera casada, seguía siendo la nieta consentida de los Loza.

—Sí, claro... Marisol nunca tuvo esa suerte... —musitó Petra, apenas disimulando el veneno.

La sonrisa de Mónica se borró enseguida.

—Tía, ahí sí estás equivocada. Marisol Jiménez siempre recibió lo mejor de nuestra familia. El abuelo hasta la mandó a estudiar fuera, ¿o ya se te olvidó? Si no salió bien fue porque tenía malas intenciones y hasta le fue infiel a mi primo, ¿ya lo olvidaste?

—Dicen que acaba de salir de la audiencia, seguro pronto dictan sentencia.

El rostro de Petra se tensó, incapaz de ocultar su incomodidad por la respuesta tan directa de Mónica.

—Sí, sí... pero tu primo tampoco ha recibido acciones, ¿o sí?

Mónica no pudo evitar encontrar extraña esa insistencia.

—Tía, pero tu esposo sigue aquí, ¿no? ¿O le deseas algo malo?

Petra se quedó sin palabras.

Esa chiquilla, ¿acaso le estaba deseando lo peor a su marido?

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