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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 410

Mauro no estaba nada contento con la apatía que mostraron todos en el chat del grupo durante el día.

Así que, ya entrada la noche, Carolina lo vio sentado al borde de la cama, haciendo llamadas uno por uno.

—¿Bueno? Ricardo, ¿qué? ¿Te vas a casar?

—Ah, no pasa nada, sólo quería contarte que voy a tener gemelos. Tú ya tienes esposa, ¿pero todavía no logran embarazarse, verdad?

Ricardo: ¡Maldito sea!

—¿Bueno? Lucas, ¿sigues en Estados Unidos? Nah, sólo quería platicar, hace mucho que no nos vemos. ¿Ya conquistaste a tu novia?

¡Justo va y pregunta lo que más duele!

Lucas apretó los dientes.

—Mauro, ¿qué quieres? Estoy muy ocupado.

—Nada, sólo quería avisarte que en unos meses, cuando nazcan mis gemelos, te quiero ver aquí en la fiesta. ¿Por qué te pones así?

Lucas puso los ojos en blanco desde el otro lado. ¿Y cómo no iba a molestarse? ¡Ni siquiera había logrado que su novia aceptara andar con él!

Mauro, sin darle importancia a su reacción, colgó después de cumplir su cometido.

Por último, le marcó a Joel.

Joel acababa de dormir a su hija cuando Mónica le llevó el celular.

—Es tu tío —le avisó.

Joel dudó un poco, pero no podía simplemente no contestar.

—¿Bueno?

—¿Viste el mensaje en el grupo? No me digas que te pusiste a llorar en casa. Tranquilo, que yo sólo te llevo un hijo de ventaja. ¿Sí sabes cómo se escribe “perfecto”?

De pronto, ¡pum!, Joel colgó y Mauro sólo pudo ver cómo la llamada se cortaba.

Carolina, que había observado toda la escena en silencio, no pudo evitar reírse.

—¿Ya lograste enemistarte con todos?

Mauro se quedó callado un momento.

—¿Qué dices? Sólo les di la buena noticia. Las cosas buenas hay que compartirlas, ¿no?

Carolina conocía de sobra lo presumido que era.

—Anda, duérmete ya, amor.

Apenas terminó de decirlo, Mauro se inclinó y pegó la cara al vientre de Carolina.

Con esa voz profunda y suave, murmuró:

—Bebés, pórtense bien, cuiden a mamá y no la hagan batallar, ¿sí?

Carolina soltó una risita.

—Todavía no pueden oírte.

—Amor, ¿a quién quieres más?

Mónica ya ni sabía cuántas veces había repetido su nombre hasta que él quedó satisfecho.

A veces se arrepentía de haber dejado que Joel tuviera ese poder sobre ella.

—¡Que ni me entere quién fue tu primer amor! —resopló Mónica.

Carolina soltó una carcajada.

—¿Y si resulta que eres tú?

—¡Para nada! —Mónica no le creyó ni media palabra.

De pronto, Carolina recordó lo que Mauro le había dicho y pensó en volver a jugar ese juego.

...

Después de que Mónica se fue, Carolina regresó al estudio y se puso a trastear con la computadora.

Hasta se le olvidó la hora de la comida.

—Amor, ya está la cena.

Carolina ni levantó la vista, seguía frunciendo el ceño mirando la pantalla, intentando recordar algo.

Había olvidado en qué servidor jugaba y, como no tenía idea, no le quedó de otra que empezar a probar uno por uno.

—¿Qué haces, amor? —Mauro se acercó y, al mirar la pantalla, se dio cuenta de lo que estaba intentando.

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