Entrar Via

El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 418

Carolina regresó a casa y de inmediato le contó a Mauro que ya no tenía asistente.

Por dentro, Mauro se sentía bastante satisfecho, aunque por fuera fingía estar un poco afectado.

—Amor, ¿quieres que le pida a tu jefe que te consiga una asistente mujer?

Carolina apenas sonrió y le lanzó una mirada entre molesta y divertida.

—¿De verdad quieres que mi jefe me consiga una asistente? ¿Y si resulta que esa asistente también es lesbiana? ¿Otra vez vas a hacer que la cambien de área?

Mauro notó que Carolina seguía algo resentida, así que se llevó la mano a la nariz, incómodo.

—Ya, amor, me equivoqué. Mejor que ya no te consigan nadie, ¿verdad? ¿Qué tal si solo le pido a tu jefe que no te mande tanto trabajo?

Carolina no pudo evitar reírse.

—De plano…

En el fondo, solo estaba un poco molesta porque Mauro se metía demasiado en su trabajo, aunque siempre lo hacía diciendo que era por su bien.

Pero, para ser justos, él también sabía cuándo parar.

Cada vez que ella mostraba su incomodidad ante su lado posesivo, Mauro no insistía más.

Eso era parte del entendimiento que habían cultivado durante años de matrimonio.

...

En la firma de abogados.

—Oye, Verónica, hoy no pedí comida a casa. ¿Vamos a salir a comer algo?

Ya estaba cansada de los menús saludables de casa; a veces a Carolina le antojaba cambiar el sabor y probar algo distinto.

Se fijó en Verónica, que estaba completamente absorta en su celular, sonriendo de vez en cuando como si estuviera en las nubes.

Carolina, intrigada, le pasó la mano frente a la cara.

—¡Oye, Verónica! ¿En qué andas pensando?

Verónica volvió a la realidad.

—¿Eh? ¿Carolina, me hablabas?

Carolina parpadeó, divertida.

—Sí, te preguntaba qué ibas a comer hoy, que si quieres acompañarme al nuevo restaurante que abrieron aquí cerca. Hoy nadie de mi casa me trajo comida.

Ellas siempre habían sido un gran equipo en la oficina.

Además, lo que más les gustaba era ir a probar todos los restaurantes nuevos que abrían cerca de la oficina. Verónica nunca rechazaba una comida.

Pero ese día, para sorpresa de Carolina, Verónica le dijo que no.

Carolina sonrió con picardía.

—¡No! Yo digo que no fue por su familia —intervino Candy.

Carolina entrecerró los ojos.

—¿Por qué dices eso?

—Ayer vino conmigo y me enseñó unos zapatos de hombre que costaban tres mil pesos. Me preguntó si estaban bonitos.

—Le dije que sí, y se fue feliz. Mira que apenas anda con el tipo y ya quiere regalarle zapatos tan caros. ¿No será que cayó con uno de esos que manipulan mujeres?

El gesto de Carolina se volvió serio, sintiendo que algo no encajaba.

Claro, entre novios es normal regalarse cosas. Pero, si hacía cuentas, Verónica solo tenía, como mucho, una semana saliendo con ese nuevo galán.

¿Y ya le iba a regalar unos zapatos tan caros? Eso era casi un tercio de su sueldo.

—Además, dicen que no hay que regalarle zapatos a un hombre, porque luego se va corriendo con ellos.

—Ay, ¿de dónde sacaste esa superstición?

—Si no me creen, allá ustedes.

Carolina soltó una carcajada, pero por dentro empezó a dudar.

—Candy, ustedes suban primero, yo quiero darme una vuelta por las tiendas de al lado. Quiero comprar unas cosas.

...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Tío que Robó Mi Corazón