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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 425

Carolina pensó que tal vez Verónica solo quería tiempo para sanar después de la ruptura.

Pero después de que Verónica pidió una semana entera de permiso, la curiosidad de Carolina creció.

—Oye, ¿qué motivo dio Verónica para ausentarse? —preguntó Carolina a la encargada de recursos humanos.

La encargada le mostró la solicitud en su aplicación de trabajo.

—Puso que era permiso por luto. Se fue a casa porque falleció su abuela.

¿Abuela?

Carolina nunca había escuchado a Verónica mencionar a su abuela.

En cambio, Enzo seguía apareciendo por la oficina todos los días, aunque ya no usaba los zapatos que Verónica le regaló.

...

En el área de bebidas, mientras preparaba un café, Enzo parpadeó.

—Carolina, ¿por qué me miras así? ¿Tengo algo en la cara o qué?

Carolina negó con la cabeza.

—Nada, solo te estaba viendo.

Después, Carolina intentó llamar a Verónica, pero nadie respondió.

Le mandó un mensaje, aunque sabía que tampoco le contestaría.

No podía dejar de sentirse inquieta. Algo no le cuadraba.

En la hora de comida, Carolina revisó su historial de chats con Verónica. Sus ojos se abrieron de golpe.

—¡Esto no tiene sentido! ¡Verónica me dijo que su abuela falleció cuando ella era niña!

Lo había mencionado en una plática de hace dos años. Carolina solo lo recordó al revisar las conversaciones.

Decidió pedir permiso y fue directo a la estación de policía.

...

—Señorita, ¿dice que sospecha que a su amiga le pasó algo? —le preguntó el oficial.

—Sí. Aunque pidió permiso por luto en el trabajo, su abuela ya había fallecido hace años. Ese motivo no tiene sentido. Fui a su departamento de renta y nadie abrió la puerta.

Los policías intercambiaron miradas.

—De acuerdo con lo que nos cuenta, es posible que el motivo del permiso sea inventado, pero para solicitarlo usan la app del trabajo. No puede ser que alguien más haya usado su celular, ¿o sí?

—Tú misma dijiste que está triste por una ruptura. Tal vez solo quiere estar sola y no deberías preocuparte demasiado.

—¿Me puedes llevar de regreso a la oficina?

Carolina lo miró con recelo, pero terminó por abrirle la puerta.

—No hace falta que te disculpes. Ya no hay motivo para malos entendidos.

En realidad, lo dejó subir al carro porque quería sacarle información.

—Enzo, ¿tú y Verónica estuvieron saliendo?

Detrás de sus lentes, los ojos de Enzo reflejaron una chispa gélida, tapando la hostilidad que asomaba en su mirada.

Sonrió apenas.

—Sí. Pero ya terminamos, Carolina.

—¿No estarás pensando que su desaparición tiene algo que ver conmigo?

La mano de Carolina se tensó sobre el volante.

—¿En qué momento te dije que ella estaba desaparecida?

Enzo soltó una risa baja, y al levantar la vista, sus ojos destilaban una ferocidad escalofriante.

—Viniste hasta la policía. ¿Crees que soy tonto?

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