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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 43

Carolina había decidido manejar su carro ella misma ese día, justo porque temía encontrarse con algún momento incómodo y así poder escapar en cualquier momento.

Sin embargo, apenas salió de la mansión Loza, recordó que en realidad quería platicar con el tío Mauro sobre el asunto del contrato.

Podrán decir que buscaba tomar un atajo, pero lo único que deseaba era tener una oportunidad de competir en igualdad de condiciones.

Carolina detuvo el carro a un lado de la calle, desbloqueó su celular y buscó el avatar de la cuenta “esa galaxia de estrellas”.

[¿Tío, hoy te vas a quedar en la casa?]

Pensó que su tío no respondería tan rápido, pero para su sorpresa, la respuesta llegó casi de inmediato.

[¿Por qué? ¿Estás esperando a que salgamos juntos?]

Carolina se quedó mirando esa frase tan simple en la pantalla, sintiendo cómo sus mejillas se encendían sin motivo.

Tío Mauro parecía tan serio en persona, pero cuando platicaban por mensaje, su tono tenía algo…

¿Coqueto?

No sabía si era solo su imaginación, pero sentía que había una especie de juego sutil en sus palabras.

Sentada dentro del carro, sin poder verlo en persona, Carolina no pudo evitar enderezar la espalda con nerviosismo.

[No es eso. Ya voy de salida, pero si te viene bien, te espero en la esquina.]

La espera se volvió interminable. Pasó un minuto hasta que, finalmente, llegó la respuesta, breve y seca.

[Va.]

En su estudio, Mauro pasó el pulgar sobre la pantalla, y una sonrisa casi imperceptible se asomó en sus labios.

Se puso de pie con una calma envidiable.

—Papá, hermano, tengo que irme, me surgió algo.

Ambos lo miraron con sorpresa. Benjamín preguntó:

—¿No habías dicho que hoy sí te quedabas? Dijiste que dormirías aquí.

Mauro sonrió apenas.

—Papá, hoy no puedo. Dejé a mi conejo sin darle de comer, tengo que regresar a casa a alimentarlo.

Mientras salía del estudio, su figura se perdió en el pasillo y Benjamín y Tadeo se quedaron viéndose, confundidos.

—¿Desde cuándo tiene un conejo? —preguntó Benjamín, atónito.

Tadeo negó con la cabeza.

Tadeo no comprendía, pero intuía que su hijo había hecho algo que no debía.

Alexis guardó silencio un momento.

—Papá, yo no… Es que ella últimamente anda muy rara.

—¡Ya falta poco más de una semana para la boda! ¿De verdad crees que vamos a cancelarla? No me importa cómo le hagas, pero esta semana tienes que arreglar las cosas con ella.

—Hoy viste con tus propios ojos cómo trata el abuelo a Marisol. Si tú cancelas la boda, dime, ¿cómo va a quedarse Marisol en esta casa?

—Y todavía el abuelo me mencionó la otra vez que quería buscarle un matrimonio arreglado a Marisol.

Los ojos de Alexis se abrieron de par en par.

—¿El abuelo quiere que mi hermana tenga un matrimonio arreglado? ¡Eso no puede ser!

Tadeo le lanzó una mirada firme.

—¿Por qué no? Todos somos de la familia Loza, y mientras lleves ese apellido, tienes que pensar primero en la familia. Si quieres tu propio camino, entonces tendrías que dejar de ser un Loza.

Alexis apretó los puños, con las venas saltándole en la frente de pura rabia.

—Papá, lo entendí. Me casaré con ella, puede estar tranquilo.

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