CLARIS:
La luna llena reinaba en el cielo, brillante y serena, como si la misma Diosa la hubiese colocado allí para bendecir la noche más importante de nuestras vidas. Los vientos del bosque susurraban con suavidad alrededor del altar de piedra que se alzaba en medio del círculo sagrado; un lugar que generaciones de alfas habían consagrado como el núcleo espiritual de la manada. Hoy, ese altar sería el testigo de algo más que un rito. Hoy sería el inicio de un nuevo capítulo.
Mi corazón palpitaba con fuerza, por la emoción que cargaba el momento. Sentí la mirada protectora de Kieran sobre mí, su energía envolvente a pesar de que estábamos a metros de distancia. Él, imponente en su forma humana, ya esperaba en el centro del círculo, vestido con prendas simples, pero que llevaban la fuerza de un alfa.
Cada miembro de la manada había asistido. Los más jóvenes miraban con fascinación, deseosos de aprender lo que significaba esta ceremonia; los más viejos observaban con calma, comprendiendo la magnitud del momento. Había perdido la cuenta de cuántas caras radiantes se encontraban a nuestro alrededor, este no era solo un evento para nosotros, sino también para ellos, para la familia que todos éramos.
Respiré profundo mientras Lúmina me guiaba desde lo más profundo de mi esencia. Mis pasos avanzaban con firmeza hasta el centro del altar, donde Kieran me esperaba. Me miró fijamente y, por un instante, el mundo pareció desvanecerse. En su mirada cargada de amor encontré también una promesa. Una que decía que a partir de hoy enfrentaríamos cualquier tormenta, de que juntos construiríamos algo eterno.
El anciano de la manada, un lobo sabio que todos respetábamos, alzó ambas manos hacia el cielo, llamando a la atención de quienes estaban congregados. Inició a hablar dirigiéndose a todos serenamente.
—Hoy, bajo la luz de la luna y frente al espíritu de nuestros ancestros, celebramos el renacimiento de nuestra manada. Han pasado días oscuros, hemos luchado, hemos perdido, pero también hemos sobrevivido. Esta noche no solo celebramos esa victoria, sino el comienzo de algo nuevo: la unión oficial de nuestro Alfa, Kieran Theron, con su Luna, Claris Lúmina.
Un murmullo de aprobación se extendió entre la manada, mezclado con aullidos bajos que reverberaron en la noche como un canto de apoyo. Mientras el anciano hablaba, Kieran extendió su mano hacia mí, invitándome a dar el paso final junto a él.
Lo hice sin dudar. Era mi alfa, que me recibía con felicidad, como si mi lugar estuviese destinado a estar a su lado desde siempre. Frente a todos, las palabras del anciano continuaron, invocando la bendición de la Diosa Luna. Kieran se acercó, susurrándome para que solo yo pudiera escucharlo.
—Mi Luna, todo este amor, todo este legado, tiene sentido porque estás aquí. Eres mi fuerza, mi hogar… y nuestra futura madre.
Un nudo me apretó la garganta, mi felicidad era tan pura que sentí cómo Lúmina danzaba dentro de mí, celebrando cada palabra que él pronunciaba. Kieran sonrió al percibir mi emoción, y con un movimiento firme, él mismo hundió su cuchillo ceremonial en su palma para iniciar el ritual.

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