Punto de vista de Scar
—Señor Vanderbilt, ¿hay algún problema? —La puerta de la habitación frente a la 001, la 010, se abrió y salió un hombre de allí.
El traje que llevaba valía al menos cinco cifras; lo sabía muy bien, porque Sebastian adoraba esa marca. El hombre usaba unos anteojos de lectura con montura dorada, y los ojos detrás de los cristales eran de un azul gélido. Me sonreía, pero era una sonrisa peligrosa y agresiva.
—¿Desde cuándo se permite el acceso a la zona exclusiva del barco a los paparazzi? —El hombre a quien llamaban "señor Vanderbilt" se quejó con el peligroso sujeto de los anteojos dorados, sin dignarse a dirigirme la mirada ni una sola vez.
Jamás en mi vida me había cruzado con ese hombre, llevara máscara o no, de eso estaba completamente segura. Su aura me resultaba de lo más extraña. Ni siquiera podía creer que estuviéramos emparentados de alguna manera.
Justo en ese momento, la voz de Sebastian resonó en el pasillo vacío:
—¿Acaso estoy viendo al famoso mayordomo, el señor Ethan Williams?
Yo conocía ese nombre. Los medios lo llamaban "El Mayordomo"; era la mano derecha de Johnny Vanderbilt y, básicamente, se encargaba de absolutamente todos los negocios del imperio Vanderbilt por su cuenta.
Me di la vuelta hacia la voz, solo para ver pasar a Sebastian. Me sujetó de la muñeca para colocarme detrás de él, mientras extendía la otra mano para saludar a aquel peligroso hombre, Ethan Williams.
El hombre curvó los labios lentamente, como una serpiente venenosa que fija la atención en su presa.
Aunque ambos intercambiaron el gesto más amistoso de la cultura humana, en sus ojos solo había frialdad y hostilidad.
—¿Y ella es...? —Ethan Williams desvió su atención hacia mí en cuanto terminó el apretón de manos.
Contuve el impulso de rehuir su mirada, ya que tenía un poder tan penetrante que parecía capaz de leer mis pensamientos. No quería acobardarme, pero detestaba la sensación de ser observada por una serpiente.
—Scar es mi exesposa —respondió Sebastian, con un extraño tono de orgullo en vez de vergüenza, fue casi como si la palabra "ex" no estuviera antes del título de "esposa"—. Le pedí que viniera a verme, pero supongo que confundió la habitación 001 con la 007.
Señaló con la cabeza hacia la puerta que quedaba a poca distancia detrás de nosotros.
Ethan Williams soltó un ligero resoplido, evidentemente no se creía la historia de Sebastian. Sin embargo, no insistió en el tema.
—Entonces le deseo una buena noche, junto a esta... encantadora dama.

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