Punto de vista de Damian
Cinco años atrás, me acosté con Lilith.
Fue un accidente, aunque para entonces ya estaba enamorado de ella, solo me veía como su jefe. Al fin y al cabo, yo le había dado su primer empleo y también le enseñé cómo funcionaban las cosas en la empresa. No planeaba moverme tan rápido, pero esa noche me habían drogado.
Ella estuvo conmigo, lo sé. Dijo que sí cuando se lo pedí, y al menos disfrutó de la noche. Cuando desperté, se encontraba a mi lado.
Sin embargo, después se marchó de manera abrupta.
Según recuerdo, ella no opuso resistencia. Pero tal vez solo fue una ilusión de mi parte, porque tras ese día, Lilith nunca volvió a hablarme; se fue de la ciudad y cambió su número. La tercera vez que encontré su número de contacto y vi que lo había vuelto a cambiar, por fin lo comprendí: tal vez de quien huía era de mí.
Todos estos años supe que Sebastian había estado en contacto con ella, pero cuando afirmó que la niña era de Sebastian, no lo creí.
Ella no se involucraría con el ex de una amiga, y Sebastian no le haría algo así a Scar.
Estaba dispuesto a dejar ir a Lilith, quizás me odiaba, podría sentir que la había forzado, sentir tanta repulsión por mí como para abandonar su propio hogar solo para alejarse.
Pero si me aborrecía de esa manera, ¿por qué se quedó con la bebé?
¿Tan solo porque no fue capaz de acabar con una vida? ¿Acaso dio a luz a nuestra hija y por eso se vio obligada a amarla? ¡Jamás creería eso!
Yo conocía a Lilith; era suave y bondadosa, como una pequeña gatita. Podía considerarse a sí misma una fiera salvaje, agitando una pata y creyendo que eso contaba con mucho poder, con el siseo como su peor forma de agresión, pero en realidad no era más que una minina diminuta, apenas capaz de cuidarse a sí misma y todavía pendiente de los demás.
Podía notarlo en la forma en que miraba a Alice, amaba a esa pequeña con todo el corazón.
¡Esa no era la mirada de una mujer que contempla el fruto de una noche forzada!
Pero Lilith no quería verme. Y cuando lo hacía, se limitaba a repetir lo mismo: esa noche quedó atrás, Alice no es tu hija.
Ella me amaba en aquel entonces, lo vi en sus ojos y lo sentí en la forma en que me cuidaba. Además, por mucho que me amara, jamás se habría precipitado a hacer nada de forma imprudente. Dudo que hiciera algo así con cualquier otro hombre, ella no era esa clase de persona.
Sin embargo, aseguró que la niña era de Sebastian.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ella Aceptó el Divorcio, Él entró en Pánico