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Embarazada de mi Arrogante Jefe romance Capítulo 3

Narrado por Zoe

La ronda médica era un campo de batalla. Ian caminaba a la cabeza del grupo con una zancada decidida, su bata blanca ondeando como una capa de hielo. Se detuvo frente a la cama de un paciente con una arritmia compleja y se giró hacia nosotros.

—Harrington —soltó mi nombre como si fuera una acusación—. Explique la fisiopatología de este bloqueo y el tratamiento inmediato.

Me quedé en blanco un segundo. Conocía la respuesta, pero su mirada inquisidora me hacía sentir como si tuviera dieciocho años otra vez.

—Es un bloqueo de tercer grado, yo... —comencé, pero Thiago me interrumpió de inmediato, contestando con una precisión milimétrica antes de que yo pudiera terminar la frase.

—Correcto, Sterling —dijo Ian con una sonrisa ladeada que no llegó a sus ojos. Luego se volvió hacia mí—. ¿Ves eso, Harrington? Sterling tiene siete años menos que tú y no dudó. Se supone que tu "madurez" debería darte ventaja, no hacerte lenta. Si no puedes seguir el ritmo de unos niños de veinticinco años, quizá debas dejar la bata ahora.

Sentí el calor subir por mi cuello. La humillación era pública y gratuita.

—¡Vaya, Blackwood! Sigues siendo tan encantador como un dolor de muelas —una voz masculina y jovial interrumpió la tensión.

Era Marcos Montgomery. Se acercó al grupo con su habitual aire de despreocupación, pero cuando sus ojos se cruzaron con los míos, se detuvo en seco y una sonrisa genuina iluminó su rostro.

—¿Zoe? ¿Zoe Harrington? —Se acercó y, para sorpresa de todos, me tomó de las manos—. No esperaba verte después de cuatro años, pero tengo que decirte que te ves encantadora. La medicina te sienta bien, aunque este ogro intente decir lo contrario.

—Hola, Marcos —logré sonreír, sintiendo un alivio momentáneo. Marcos siempre había sido el balance perfecto para la intensidad de Ian.

—Montgomery, tenemos trabajo —gruñó Ian, cuya mandíbula se tensó visiblemente ante el cumplido de su amigo.

—Relájate, Ian. Solo saludo a una vieja amiga —Marcos me guiñó un ojo antes de seguir a Ian, quien se alejó prácticamente echando humo por los oídos.

El turno de treinta y seis horas terminó por destruirme. Cuando por fin salí del hospital, con los ojos ardidos y los pies pesados, me encontré a Elena y a Marcos hablando cerca de la salida. Parecían compartir un momento íntimo, algo que nunca habría imaginado en la universidad.

Capítulo 3: El peso del tiempo 1

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