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Embarazada de mi Arrogante Jefe romance Capítulo 5

Narrado por Zoe

El turno de noche me había dejado una sensación de vacío en el pecho, una mezcla de agotamiento físico y el eco persistente de los gritos de Ian en el pasillo de enfermería. Me dolía el cuerpo, pero me dolía más el orgullo. No entendía su odio; era él quien me había puesto precio, él quien había planeado un futuro con Leticia mientras me besaba, y sin embargo, me miraba como si yo fuera la villana de una historia que él mismo había escrito.

Al entrar en la cafetería del hospital, el aroma del café recién hecho y las tostadas intentó darme una calurosa bienvenida que mi ánimo no estaba listo para aceptar. Mis ojos recorrieron el lugar y, en la mesa central, bajo la luz más brillante, los vi.

Era el retrato de una vida que alguna vez deseé y que ahora me resultaba ajena. Allí estaban: Marcos y Elena compartiendo un bagel, Santi riendo de algo que veía en su teléfono, e Ian. Ian estaba sentado frente a Leticia, quien lucía impecable incluso a las siete de la mañana, moviendo su mano con elegancia mientras hablaba. Elena me vio y levantó un brazo, haciéndome señas para que me acercara.

—¡Zoe! ¡Ven aquí, hay un sitio! —exclamó Elena.

Sentí el impulso de caminar hacia ellos, de reclamar mi lugar en ese círculo de "viejos amigos", pero antes de que pudiera dar el primer paso, una mano firme se posó en mi antebrazo.

—Dra. Harrington, ni se le ocurra —susurró Thiago, apareciendo a mi lado con una bandeja llena de carbohidratos—. Si se sienta ahí, el Dr. Blackwood le amargará el desayuno con alguna pregunta sobre el ciclo de Krebs. Venga con nosotros, la "plebe" tiene mejores chismes.

Thiago me arrastró hacia una mesa larga en el extremo opuesto, donde el resto de los residentes de primer año se amontonaban entre risas y quejas. Me senté entre Thiago y una chica llamada Sofía, que tenía el cabello castaño revuelto y una energía que me recordaba muchísimo a la Elena de la facultad: vibrante, directa y un poco imprudente.

—Dios, esa guardia fue un asesinato —se quejó Sofía, hundiéndose en su silla—. Blackwood es un psicópata. ¿Vieron cómo trató a Zoe en la ronda? Si yo fuera tú, le habría lanzado el estetoscopio a la cabeza.

—Es solo su forma de... motivar —mentí, sintiendo la mirada de Ian clavada en mi nuca desde la otra mesa. Podía sentir su desprecio cruzando el aire.

—No, eso no es motivación, eso es un trauma infantil no resuelto —replicó Thiago, atacando su desayuno—. Pero olvidémonos del ogro. ¡Es sábado! Y por un milagro del destino, todos los R1 tenemos la noche libre.

—Exacto —dijo Sofía, inclinándose hacia mí con una chispa de malicia en los ojos—. Ya lo planeamos. Vamos a ir a un bar nuevo en el centro. Música alta, bebidas caras y, lo más importante, Zoe: habrá chicos muy lindos. He oído que vienen algunos ingenieros de una constructora cercana.

Solté una carcajada genuina, la primera en mucho tiempo.

Capítulo 5: Mundos paralelos y café amargo 1

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