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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 175

—No entiendo por qué siempre me está metiendo esas ideas a mí y a Virginia.

Gloria se detuvo y miró a Lucía con seriedad.

—Usted tampoco tiene familia. ¿De verdad no extraña tener a alguien?

Gloria no sabía cómo había llegado Lucía al orfanato.

Desde que ella tenía memoria, Lucía ya estaba ahí. En ese entonces, Lucía apenas pasaba de los veinte.

Toda su juventud se le fue en ese lugar.

Era una persona llena de amor, que cuidaba a los niños al detalle…

Y aun así, a veces podía ser egoísta de una manera que helaba.

—¿Y para qué voy a extrañar eso? —Lucía hablaba convencida—. Virginia siempre con que quiere encontrar a su familia. ¿Para qué? Si de verdad las quisieran, ¿cómo las habrían abandonado?

A Gloria se le apretó el pecho.

Para ella, “hogar” era una palabra ajena.

La había llenado de fantasías hasta darle la forma que quería.

Había imaginado mil posibilidades, menos la de haber sido abandonada.

Por eso nunca detuvo a Virginia cuando insistía en buscar a sus familias.

Pero pasaron años sin noticias, y la esperanza se fue apagando.

Por eso, cuando llegó este bebé, su primera reacción fue decidir quedárselo.

Iba a tener familia. Iba a tener un hogar.

—Eso no tiene nada que ver con que yo quiera tener un hogar.

Si no tenía padres, podía tener un hijo.

Regresar del trabajo y que hubiera alguien esperándola; tener un motivo…

—Tú traes algo.

Lucía sonó casi segura.

—A ver, dime: ¿cuánto llevas con ese hombre? ¿Qué tal está? Tú siempre has querido renunciar… ¿no será que te quieres casar?

La niña, que antes tenía el cabello negro y largo, ahora tenía la cabeza completamente pelona.

A Gloria se le apretó el pecho.

Con cuidado, le colocó la peluca y la peinó.

—Ven, vamos a que te veas al espejo.

La llevó al baño, acomodó un banquito para que alcanzara a verse.

—Gracias, Gloria. ¡Está bien bonita!

Elena acarició el cabello suave, con los ojos llenos de ilusión.

Gloria le acarició la cabeza y la llevó de vuelta a la cama.

Al ver los moretones en el dorso de su mano, se le llenó la mirada de tristeza.

—¿Te duele?

—No tanto —dijo Elena, frunciendo un poquito el ceño—. Nada más que diario me pican, y la enfermera dijo que ya casi no encuentran vena.

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