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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 176

A Gloria Loyola se le ocurrió algo y preguntó:

—¿No hay de esas agujas que se quedan puestas?

Elena negó con la cabeza; estaba chica y ni entendía a qué se refería.

—Luego pregunto con Enfermería a ver si se puede.

Gloria le jaló tantito la orilla de la ropa y le acomodó el abrigo para que quedara bien cerrado.

Pero Elena dijo:

—Lucía no me deja hablar con las enfermeras. Me dijo que si tengo cualquier cosa, se lo diga a ella y ella habla con el doctor.

—Lo de la enfermedad sí se lo preguntas al doctor, pero estas cositas se las puedes preguntar a una enfermera —le sonrió Gloria.

Elena volvió a negar con la cabeza.

—No. Lucía no me deja hablar con las enfermeras… de nada, de lo que sea. Y cuando salimos a jugar tampoco me deja platicar con otros niños.

—¿Por qué? —Gloria se sorprendió.

—No sé —Elena bajó la mirada y respondió quedito—. Hace dos días me fui a escondidas al cuarto de al lado a jugar. Había un niño también enfermo, pero a él no le ponen inyecciones todos los días.

A Gloria aquello le sonó raro.

Pero primero la calmó:

—Salirte a escondidas sí está mal, ¿eh? Ya no lo vuelvas a hacer. ¿Entendido?

—Ajá —Elena asintió.

—¿Y aparte de eso, pasó algo más? —preguntó Gloria, pensándolo un poco.

Los ojos negros de Elena parpadearon; de pronto le brillaron.

—Ese día también volvió a venir el señor Granados… y yo, sin querer, lo oí hablando con Lucía. Dijo algo de que se iba a notar, que se iba a descubrir…

—¡Elena!

La voz de Lucía llegó de golpe desde no muy lejos.

Gloria alzó la vista.

Lucía venía caminando hacia ellas con unos resultados en la mano, la cara desencajada.

—¡Elena, regrésate al cuarto ahorita!

Elena se asustó por el tono y se levantó; se dio la vuelta y se fue directo al cuarto.

Gloria le arrebató los papeles a Lucía. Su expresión se endureció como nunca.

—No hay nada que “arreglar”. Este bebé es mío. No tiene papá y yo lo voy a criar sola.

—Tú… —Lucía la agarró del brazo—. Está bien, no vas a decir, ¿verdad? Entonces vamos a interrumpir el embarazo. Un hijo de quién-sabe-quién no se puede quedar.

La jaló para llevársela, sin fijarse por dónde iba, y en el forcejeo chocaron con alguien.

Se escucharon dos quejidos de dolor.

La fuerza en el brazo de Gloria se aflojó de golpe.

Gloria perdió el equilibrio y se fue hacia un árbol; con las piernas flojas, terminó hincándose de una rodilla en el suelo.

Con el corazón a mil, se sostuvo el vientre. No le había dado tiempo de reaccionar cuando escuchó detrás una voz de hombre, demasiado familiar.

—¿Estás bien? Déjame ayudarte.

—Fede… me duele muchísimo el pie.

Luego vino la voz de Irene Orozco.

Gloria volteó de golpe.

Lucía había chocado con Irene y, quién sabe cómo, la tiró de la silla de ruedas.

Federico Córdoba estaba ayudando a Irene, pero con una mirada escrutadora, se quedó viendo a Gloria.

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