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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 180

Aunque no existiera este embarazo, Gloria tampoco podría aceptar eso con tranquilidad.

—Entonces… ¡cásate con alguien bueno! —Paulina se desesperó; casi se le sale decir que, si no se acercaba, ni soñando entraba a la familia Granados.

Gloria se levantó y, como pudo, se zafó de estar “encerrada” entre las dos.

—Abuela, Pauli, yo tengo mis planes. De verdad quiero que intenten entenderlo desde mi lado.

Con eso, doña Valentina entendió que Gloria no quería que la reconocieran.

Suspiró, mirándola con ternura.

—Está bien. Si ya lo decidiste… ya no lo vuelvo a mencionar.

Gloria por fin respiró.

—Pero el día del festejo de tu abuelo sí ven. Ven como amiga de Pauli.

Gloria acababa de negarse a lo del “reconocimiento”. Si encima se negaba a ir al festejo, seguro le rompía el corazón a doña Valentina.

No le quedó más que aceptar.

—Está bien.

—¡De verdad eres mi única amiga! —Paulina sonrió—. ¿Nos damos un tiempo para ir de compras? Elegimos un vestido para el festejo y también un regalo para mi abuelo.

Gloria volvió a asentir.

—Va.

Cuando terminaron de hablar, la puerta de la oficina se abrió desde afuera.

Federico entró con paso firme.

—Prepárate. Al rato viene Vidal Beltrán a firmar el contrato.

Le echó una mirada de reojo a Gloria y se sentó en el escritorio.

Gloria, al verlo, sintió que el corazón se le saltaba.

Pero él se veía como siempre.

¿Entonces… no había escuchado lo de ella y Lucía?

—¿Qué sigues ahí parada? —Federico frunció el ceño al verla inmóvil.

Gloria se obligó a serenarse, les hizo una seña con la mirada a doña Valentina y Paulina, y salió de la oficina.

Cuando ya estaban en la puerta, doña Valentina se detuvo. Se dio la vuelta y miró a Federico.

—Nieto… ¿de verdad ya decidiste casarte con esa muchacha de los Orozco?

La cara de Federico se tensó un momento; al alzar la mirada, se le suavizó.

—Ya me lo ha preguntado varias veces.

—Es que yo siento que… como que no te gusta —doña Valentina lo observó con atención—. De la nada ya andan juntos, luego luego bien intensos… no es tu estilo.

Federico bajó la mirada, con la voz igual de serena.

—Nos conocemos desde hace años. No fue de la nada.

—Bueno —suspiró doña Valentina, dándose la vuelta para irse—. Tu mamá piensa anunciar lo tuyo con Irene en el festejo de tu abuelo. Quiere que la boda sea en agosto.

A Federico se le juntaron las cejas. Miró el calendario.

Faltaban cuatro meses para agosto.

No sabía por qué, pero de pronto pensó en Gloria.

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