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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 397

Gloria se quedó sin palabras.

Frunció el ceño y la miró, seria.

Virginia se limpió la nariz.

—Cuando tengas un hijo vas a entender. Sí, sabes la teoría, pero no puedes evitar que te duela verlo así.

Gloria quiso decir que sí lo entendía.

Pero luego pensó que Virginia ahorita no iba a escuchar nada.

Mejor se guardó el comentario.

—Se siente como cuando tu cabeza te dice que tienes que dejar a Federico. Puedes hacerlo, lo hiciste… pero igual te duele.

Virginia volvió a sorberse la nariz.

—Ya bájale. Sabes todo eso y aun así me estás tirando —dijo Gloria—. ¿Qué onda con tus ataques personales?

—¿Y por qué tú sí vas a estar bien y yo no? —Virginia, toda indignada, diciendo barbaridades—. Acuérdate del día que te divorciaste: lloraste toda la noche y yo me quedé contigo. Ni novio he tenido y aun así me quedé. ¿Puedes no ser tan fría? Me haces ver como si yo fuera la tonta.

A Gloria le empezó a doler la cabeza.

—Ya veo que no estás tan preocupada si todavía te queda energía para andar hablando de más.

—¿Cómo que hablando de más? —Virginia se defendió—. Ese día mojaste la almohada de tanto llorar. Y una vez, cuando tomaste de más, dijiste que si pudieras regresar el tiempo, no habrías pedido el divorcio…

Gloria sintió un golpe de vergüenza.

Dos años casada con Federico… aunque él fuera frío, ella se había acostumbrado a que estuviera ahí al salir del trabajo.

El día del divorcio sí lloró.

Y poco después, cuando salió la noticia de que Federico andaba con Irene, se emborrachó y dijo tonterías.

Ni se acordaba, pero Virginia tenía guardado cada momento vergonzoso y en cuanto podía se lo echaba en cara.

Como Virginia no estaba bien, Gloria no se enganchó.

—Ya llegó el elevador. Métete.

La jaló para entrar. Las dos se dieron la vuelta.

Y de golpe vieron afuera al doctor Esquivel, con bata blanca y las manos en los bolsillos.

Virginia se quedó tiesa.

A Gloria se le hizo un nudo en el estómago.

—¿Qué hace aquí? —se le salió a Virginia.

Raúl entró al elevador, sin expresión.

—Estoy en ronda.

Claro. Era pediatra.

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