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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 411

Cuando Gloria llegó, Mirella ya la estaba esperando en el privado.

—Glori, acabo de ver a Andrés.

Mirella señaló hacia el de al lado y bajó la voz.

—A ver, adivina… ¿con quién se citó?

Gloria dejó su bolsa y se sentó.

—¿Con quién?

—Se iba a ver con un amigo, pero no sé qué pasó que terminó llegando la señora Mendizábal. Entró hace rato, con su pancita de embarazada y todo.

Mirella solo había visto a Martina una vez.

Pero con una le bastó para no olvidarla.

La mirada de Gloria se movió apenas. Ella pensaba “toparse” con Andrés como si fuera casualidad.

Pero ahora…

—Quédate aquí. Pase lo que pase, no te metas.

Gloria se levantó y caminó directo al privado de al lado.

La puerta estaba entreabierta.

Se alcanzaba a escuchar la voz de Martina.

—No me imaginé que fuera ese tipo de mujer… si hubiera sabido, ni de chiste le ayudaba a conseguir ese contacto. Luego me puse a investigar y supe que trae un embarazo de quién sabe quién, y anda desesperada por conseguirle papá al niño. Hasta se metió con su jefe: el heredero de la familia Córdoba, en Belgrano Norte…

Gloria era “esa” de la que hablaba Martina.

—¡Es una barbaridad! —Andrés sonaba furioso, como si no hubiera dormido—. Hoy en la tarde veo al señor Córdoba. Me tiene que dar una explicación. ¿Cómo es posible que Rivadeneira Holdings tenga a una mujer así y encima la ponga en un puesto tan alto?

Sin importar si lo de Martina era verdad o no, lo ridículo era esto:

Gloria y Andrés apenas se habían visto una vez, ayer.

Y aun así Andrés ya estaba armando un drama como si estuvieran a nada de casarse.

—Perdón, señor Salazar —dijo Martina, haciéndose la buena—. Mi amiga es la prometida de Federico. Ellos se van a casar pronto. ¿Quiere que le diga a mi amiga que le comente a Federico qué hacer con Gloria?

Martina buscaba quedar bien.

Andrés agitó la mano.

Andrés miró a Gloria, luego a Martina.

Al final, él era de Río Alicante y había tratado con los Mendizábal.

Comparado con eso, Gloria —a quien no conocía— le parecía mucho menos confiable.

—Con razón pedí cita con el señor Córdoba y me rechazó… era porque tú y él…

Andrés se burló.

—Yo pensé que Federico era distinto a los demás… y mira, igual de infiel que cualquiera.

—Yo pensé que para llegar a donde está, usted tenía tantita cabeza —dijo Gloria, sin pelos en la lengua—. No imaginé que fuera tan fácil de manipular.

Gloria tenía que admitirlo: Martina sabía escoger a quién usar.

Andrés era terco, cerrado.

Si no, no tendría tanto dinero y ni así conseguiría esposa.

***

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