Gloria negó con la cabeza.
—No, ni lo pienso. Está carísimo. Ya tengo una opción que me late.
—¿Ah, sí? —Virginia ladeó la mirada, curiosa—. ¿Más o menos de cuánto estamos hablando?
—Vi uno en internet de treinta mil —dijo Gloria. Estos días traía la cabeza puesta en el bebé.
Sin salir de casa, ya había dejado casi todo lo relacionado con el parto más que resuelto. Lo que no podía hacer en persona, lo investigó a fondo.
Ese centro de recuperación posparto le pareció el más adecuado después de comparar una y otra vez.
Virginia se sonó la nariz.
—Entonces un día vamos a verlo… y de paso te enseño el regalote que te preparé.
—¿Regalote? —Gloria se quedó a medio bocado con la piña, masticó rápido y se lo tragó—. ¿Qué es?
—Ya verás.
Virginia le guiñó un ojo.
—Pero no te me pongas a llorar, ¿eh? Yo no quiero llorar.
Gloria soltó una sonrisa.
Con la mente totalmente enfocada en el parto, pronto se le olvidó por completo la llamada de Alicia.
Al día siguiente, Gloria y Virginia fueron juntas a ver el centro.
Treinta mil, en Río Alicante, era un precio normalito.
Pero el lugar, por ambiente y servicio, estaba al nivel del Wayer.
El único “pero” era que quedaba en las afueras, lejísimos del centro.
Gloria y Virginia manejaron casi dos horas para llegar.
En el camino, Virginia se quejó varias veces:
—Si hubiera sabido que estaba tan lejos, lo descartaba desde el principio.
—No pasa nada que esté lejos —dijo Gloria—. Al final te quedas ahí, no es como que vayas a estar yendo y viniendo diario.
Gloria sí sabía que estaba retirado.
—Señorita Loyola, no se preocupe —dijo la encargada, al escuchar a Virginia quejarse dos veces de lo lejos—. Nosotros vamos por usted al hospital y, cuando termine su recuperación, también le mandamos carro para llevarla a casa. La distancia no es problema.
—Eso está bien. Mi fecha probable es en dos meses, ¿se puede…?
—Mejor agréguenos en Messenger —la interrumpió Virginia, jalando tantito a Gloria—. Así cualquier cosa la vemos por mensaje. Y si le convence, puede apartar en línea. ¿Le parece?
La encargada asintió.
—Claro. Cualquier duda, nos escribe y con gusto la atendemos.
Gloria todavía iba a decir algo, pero Virginia ya la estaba sacando de ahí.
—Mira, por ese precio no vas a encontrar otro igual: ni el lugar ni el trato están así. Y más caro ni lo vamos a ver. No perdamos tiempo.
Virginia le alzó las cejas.
—Te dije que tenía una sorpresa. Ahorita te llevo.
Iba toda misteriosa. Gloria negó con la cabeza, resignada, y se dejó.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA