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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 492

—Ya veo —dijo Raúl, y volvió a picarle un par de veces.

Todavía ni lo soltaba cuando la puerta se abrió.

Federico entró.

Fue directo con Raúl, le quitó el celular y, mientras revisaba mensajes y llamadas sin leer, caminó hacia el sillón.

Casi todo eran mensajes de los Córdoba.

Antes de que empezara la boda, don Mariano y doña Valentina le habían escrito para decirle que, si ya había decidido casarse, entonces que no se pusiera a hacer estupideces. Alicia también le ordenó que regresara de inmediato.

Después de que se canceló la boda, los Córdoba se quedaron callados, pero en su lugar empezaron a llegarle mensajes de los accionistas de la empresa reclamándole.

Federico le dio una hojeada rápida, contestó a un par de personas y a las demás las dejó en visto. Luego aventó el celular a un lado y siguió con los documentos.

—Señor Córdoba… lo de Gloria… —preguntó Pablo.

—Ya regresó la niñera.

—Ah… —Pablo ya no dijo nada.

—Por cierto —Federico levantó la vista hacia Raúl—. ¿No dijiste que me habías mandado mensaje?

Raúl parpadeó.

—Apenas me di cuenta… no había señal. No se envió.

Señaló el celular de la mesita.

—Ese es el celular de la señorita Loyola. Ya lo cargué. Estuvo sonando un buen rato y era un escándalo, lo puse en silencio. Si quieres, llévaselo.

Mientras hablaba, la pantalla se volvió a encender.

Era otra llamada.

Raúl miró el identificador y luego a Federico.

—Es Jaime. Desde que se prendió el celular, marca a cada rato; está bien alterado. ¿No quieres… contestarle?

Federico dejó los documentos, fue por el celular y regresó a seguir trabajando.

—No lo peles.

—Señorita Loyola, no se estrese. Con el busto que tiene, no parece que no le vaya a bajar. Al rato que vuelva el señor Córdoba, que la ayude a levantarse y a caminar tantito —la tranquilizó la niñera, mientras le daba fórmula al bebé al ver la cara de culpa de Gloria.

—¿Levantarme? —A Gloria le dolía muchísimo la herida.

—Sí. Al segundo día hay que caminar, para que no se pegue por dentro. —La niñera miró al bebé en sus brazos—. Yo tengo que estar con él, y además no tengo la fuerza de un hombre. Si te duele, él puede sostenerte.

Gloria no había planeado una cesárea, así que no sabía bien cómo era el proceso.

Solo sabía que en ese instante le punzaba la herida, y que encima tenía que levantarse a caminar… eso iba a doler peor.

Y ella le tenía pavor al dolor.

Ese “hay que caminar” Federico también lo había escuchado por Raúl.

Regresó al cuarto, se quitó el saco, se arremangó y se plantó junto a la cama de Gloria.

—Raúl dijo que tienes que levantarte a caminar un rato.

Al terminar de decirlo, vio cómo a Gloria se le fue el color de la cara.

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