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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 512

Cayó la noche y la ciudad se encendió.

A las siete, Virginia y Jaime entraron a la casa.

Gloria estaba sentada en el sofá, con el bebé dormido en brazos.

La señora que les ayudaba en la casa se llevó al bebé al cuarto para que estuviera un rato ahí; la casa quedó en silencio.

Tras el sonido de la puerta, varias miradas se cruzaron.

Gloria notó de inmediato que Virginia traía los ojos rojos, como si hubiera llorado.

Jaime, en cambio, evitaba la mirada, incómodo, sin saber dónde meter la cara.

—¿Y ustedes por qué hasta ahorita? —Gloria se puso de pie, pero no se acercó.

—Ni me digas. Quería comprar unos globos decorativos de esos raros y no los encontraba. Un vendedor me juró que me los conseguía, me tuvo esperando horas y al final nada… y nos agarramos.

Virginia traía en la mano un globo de helio con una forma rara; se acercó y se lo puso en las manos a Gloria.

—Mira, ¿a poco no está bonito?

Gloria lo miró apenas y luego la miró a ella.

—¿A qué fueron realmente?

—¡Pues a comprar! Nomás que yo quería que a Lalo le celebráramos bien su primer mes, por eso me puse exigente. Y como hoy compramos todo, nos tardamos un buen.

Virginia se sonó la nariz y se colgó del brazo de Gloria.

—Si no me crees, pregúntale a él.

Jaime pensaba rodearlas para sentarse en el sofá y ver a Eduardo, pero de pronto lo mencionaron y se quedó tieso.

Al ver la mirada que Virginia le aventó, soltó un:

—Ah… sí. Un desmadre. Con ese genio que trae, cualquiera se asusta. Si no la paro, casi terminamos en la comisaría.

—En el camino le dije de todo: ya es mamá, aunque no piense en ella, que piense en el niño. ¿Y si de verdad acababa en la comisaría, qué?

—¿Tan fuerte se puso? —Gloria frunció el ceño y miró a Virginia—. Tú lo dices como si nada.

Con un simple “nos agarramos” estaba resumiendo un pleito que casi acababa en la comisaría.

Seguro se puso pesado; si no, no habrían tardado tanto.

—Ya sé. —Jaime echó un vistazo a la cocina y bajó la voz—. ¿Y lo de la directora del orfanato? ¿Qué hago con eso?

—Déjalo. Luego nos sirve.

Virginia soltó eso y se fue al cuarto del bebé a ver al niño.

***

—Señor Córdoba… la directora del orfanato cayó en manos de Jaime.

Pablo hablaba con miedo.

—Se nos adelantó, pero parece que no le sacó nada. Aunque hoy la señorita Reinoso también fue… se quedó medio día y salió apenas. Seguro sí averiguó algo.

Federico apretó la pluma con fuerza… y la partió en dos.

—¿Quiere que hablemos con la señorita Reinoso para saber qué pasó?

Pablo tragó saliva; le sudaba frío la frente. Fingió no notar lo enojado que estaba Federico.

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