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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 530

Gloria sonrió con impotencia. La imagen de Federico no dejaba de cruzarse por su mente.

«Gloria, ¿de verdad quieres que me vaya de Río Alicante?»

En ese momento, dentro del coche, el clima estaba tan sombrío que Gloria no pudo distinguir la expresión de su rostro al hacer esa pregunta.

Solo sintió que el ambiente en el vehículo se había vuelto increíblemente tenso.

—Raúl Esquivel dijo que iba a pedir la prueba de ADN con carácter de urgente. No me imaginaba que también tuviera contactos en Río Alicante —comentó Virginia, volviendo al tema de la prueba.

Los dos días siguientes transcurrieron entre las incesantes pláticas de Virginia y una ansiedad que cada vez le costaba más trabajo disimular.

A la mañana del tercer día, Gloria seguía dormida cuando la puerta se abrió de golpe.

Desde que nació Lalo, tenía el sueño muy ligero, así que abrió los ojos de inmediato.

—¿Virgi?

Virginia entró de puntitas para no despertar a Lalo. —¡Ya llegaron los resultados del ADN!

A Gloria le dio un vuelco el corazón. Hizo a un lado las cobijas, se bajó de la cama y la empujó hacia afuera de la recámara.

—¿Y qué salió?

—Salió positivo... Somos familia.

A Virginia le temblaba la voz. Miró a Gloria y abrió la boca, pero se quedó sin palabras.

Gloria guardó silencio unos segundos, la llevó a la sala, la sentó en el sillón y le sirvió un vaso con agua.

—Esta es una gran noticia, deberías estar feliz.

La reacción de Virginia no era la que esperaba.

Creía que Virginia se pondría a brincar de alegría y la abrazaría.

Después de todo, aunque habían convivido poco con Yolanda, daba la impresión de ser una mujer muy dulce. Seguro era una buena madre. Virginia iba a tener una familia hermosa.

Sin embargo, aparte del nerviosismo evidente, Virginia no parecía estar desbordando felicidad.

—La verdad... es que esperé este día durante muchísimo tiempo —confesó Virginia.

Se le llenaron los ojos de lágrimas y, con la voz entrecortada, empezó a llorar de golpe.

—¡Virgi! ¡Ya salieron los resultados del ADN! ¿Ya le crees a mamá? ¿Ya puedes venir a casa con mamá?

Yolanda se había movido tan rápido que Gloria apenas vio una mancha borrosa pasar junto a ella.

Gloria recuperó el equilibrio y levantó la vista al ver que alguien más entraba. Era José Mendizábal.

—Señor Mendizábal —saludó ella por educación.

José dudó un segundo, pero luego siguió de frente hacia la sala.

—Virgi, él es tu papá... —se escuchó la voz llorosa de Yolanda desde adentro.

La última vez que Yolanda vio a Virginia, había tenido que reprimir su emoción para no asustarla.

Después de darle unos días para asimilarlo, asumió que Virginia ya había aceptado la realidad, así que dejó salir todo ese amor de madre que había estado guardando.

Mientras le presentaba a José, no soltaba a Virginia ni por un segundo.

Gloria cerró la puerta y regresó a la sala. Vio cómo José abrazaba a su esposa y a su hija; era la conmovedora escena de una familia que por fin se reunía.

Se sintió aliviada y feliz por su amiga. La emotividad del momento la contagió y se le hizo un nudo en la garganta.

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