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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 532

—Es un asunto muy complejo —explicó Yolanda—. Para nosotros, la verdad ya no importa. ¡No hay nada más importante que tu seguridad y la de tu hermano! Virgi, tu papá ya arregló todo, solo falta que regreses a casa.

Aterrada ante la idea de que Virginia se negara a ir, Yolanda se acercó a ella con los ojos llenos de lágrimas y le suplicó: —Ven a casa con mamá y papá, ¿sí?

Virginia apartó las manos de su madre. —¡No! Me pasé años sufriendo en la calle, perdiéndome de todo lo que por derecho me correspondía. ¡No me voy a quedar de brazos cruzados! Vamos a regresar a casa de los Mendizábal, pero ¡para cobrarles lo que nos hicieron!

—Las cosas no son tan fáciles como crees, Virgi. Tómalo como que soy un cobarde, que te he fallado... pero de verdad no quiero arriesgarme a desenterrar el pasado. Solo quiero que nuestra familia esté en paz —dijo José, viendo que a su esposa se le rompía el corazón y las lágrimas no le paraban, sintiendo el mismo dolor.

—¡Pues yo no...!

—Virgi —la interrumpió Gloria.

Al ver que Virginia estaba muy alterada, Gloria intentó hacerla entrar en razón: —El señor Mendizábal tiene razón. No hay nada más importante que estar por fin con tu familia. Lo pasado, pasado está. Irse al extranjero y darle una mejor educación a tu hijo es la mejor opción.

—No me voy. —Virginia miró de reojo a Gloria—. ¡Por nada del mundo me voy a ir!

Yolanda no esperaba esa actitud tan a la defensiva sobre el tema de la mudanza.

Se sentía destrozada y culpable, así que volteó a ver a José, sin saber qué hacer.

José decidió ceder un poco. —Está bien, por ahora no nos vamos. Pero primero ven a la casa, tu hermano te está esperando, ¿de acuerdo?

—Solo si nos la llevamos a ella —insistió Virginia, volviendo a agarrar del brazo a Gloria.

Gloria se había imaginado un millón de veces el momento en que Virginia conociera a sus verdaderos padres.

Pensaba que habría gritos de emoción, abrazos, lágrimas de felicidad. Creía que con quedarse en un rincón viéndola feliz sería más que suficiente.

Lo único que jamás pasó por su mente fue que Virginia se aferraría a llevarla con ella.

—Virgi...

—No hace falta que te la lleves —soltó José de repente—. Tarde o temprano, ella también regresará con los Mendizábal.

El llanto de un bebé cortó la tensión; Lalo había despertado.

Gloria caminó hacia la recámara como si fuera un robot.

Al cerrar la puerta y bloquear el ruido del exterior, los llantos de Lalo se escucharon con mayor claridad.

Tomó a su hijo en brazos y comenzó a darle pecho.

Lalo se fue calmando poco a poco, y el cuarto volvió a quedar en total silencio.

Afuera se escuchaba un murmullo inquieto. Por el tono de las voces, Virginia seguía discutiendo con sus padres.

Las lágrimas empezaron a correrle por las mejillas y cayeron sobre la ropita amarilla de Lalo.

Cayeron una tras otra, hasta empapar una gran parte de la tela.

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