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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 533

Virginia se fue.

Aparte de Bruno y sus documentos personales, no se llevó absolutamente nada.

La niñera se quedó a cargo de Gloria. Preparó la comida y tocó la puerta para avisarle.

—Gloria, ya está lista la comida.

Gloria no había salido de la recámara en toda la mañana, y sentía que la cabeza le iba a estallar.

No sabía si era por la partida de Virginia, o por lo que Yolanda había revelado.

Ella también era de la familia Mendizábal. ¿Entonces de quién era hija?

Ella no era más que la madre de Lalo.

—Gloria, pase lo que pase, tienes que comer. Si no te cuidas, ¿qué va a ser de Lalo? —insistió la niñera.

La mujer no tenía idea de lo que había pasado.

En la mañana escuchó la discusión, pero no salió. Poco después, Virginia entró al cuarto, agarró a Bruno, que apenas se acababa de dormir, y se marchó.

No le dio explicaciones; solo le pidió que se quedara cuidando a Gloria.

Y dejó claro que no iba a regresar.

¿Se habrían peleado?

Aunque Virginia siempre armaba escándalos de la nada, esta vez... la niñera presentía que era algo grave, que iba muy en serio.

Clic.

Gloria giró la perilla y abrió la puerta.

Salió empujando la carriola, con una calma apenas sostenida que ocultaba lo destrozada que estaba por dentro.

—Está bien, ayúdame a cuidar a Lalo en lo que me lavo la cara.

La niñera tomó la carriola y vio a Gloria entrar al baño.

—Gloria, no sé qué haya pasado entre Virginia y tú, pero como dice el dicho: nada dura para siempre. Virginia y tú son amigas, no hermanas de sangre; era obvio que algún día tomarían caminos separados, es lo más normal del mundo.

El ruido del grifo abierto se mezcló con la voz de la niñera, retumbando en los oídos de Gloria.

El agua fría se mezcló con las lágrimas hirvientes que le resbalaban por las mejillas.

Se quedó lavándose la cara durante un buen rato antes de salir.

Tenía los ojos todavía más hinchados que antes.

—No —respondió Gloria negando con la cabeza, levantó la cuchara y siguió comiendo.

***

En la mansión Mendizábal.

Virginia había llegado con Bruno, y se estaban sentando a su primera comida familiar.

Tenía un hermanito de apenas nueve años, Simón Mendizábal.

Simón, que actuaba como todo un adulto chiquito, estaba jugando con Bruno y, con aires de tío mayor, le enseñaba a decir palabras en inglés.

—Cuando nos vayamos a vivir al otro lado, vas a aprender a hablar directamente en inglés, para que no sufras después en la escuela.

El ambiente en la mesa no era muy festivo que digamos, ya que Virginia había estado de pésimo humor todo el tiempo.

Al escuchar las palabras de Simón, alzó la vista hacia José y Yolanda.

—Ya se los dije: regresé a esta casa, pero no me voy a ir del país.

Al oírla, Simón los miró y se quedó callado.

Yolanda le estaba sirviendo comida; ya le había llenado el plato hasta el tope, como si fuera una montañita. Estaba a punto de ponerle un último camarón pelado cuando escuchó su comentario. La mano le tembló, derrumbando la montañita de comida y tirándola por toda la mesa.

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