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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 534

—Virgi, tú y Simón son el mundo entero para tu papá y para mí, son nuestra debilidad. Podríamos perderlo todo, pero jamás apostaríamos sus vidas ni los pondríamos en riesgo...

Virginia la interrumpió:

—Incluso si no buscamos venganza, al menos deberíamos saber qué fue lo que pasó, ¿no? Si ustedes siempre han sido personas tan pacíficas, ¿por qué les hicieron algo así? Y hacerle eso a... En fin, no me iré de aquí hasta descubrir la verdad.

Yolanda no pudo ocultar la angustia.

José bajó los cubiertos y la miró con severidad.

—Si tanta falta te hace averiguarlo, papá se encargará de investigarlo.

—De acuerdo —asintió Virginia—. Además, dijeron que Gloria tarde o temprano regresará con los Mendizábal. ¿A qué se referían?

José levantó la muñeca para mirar su reloj.

—A estas alturas, supongo que alguien ya debió haber ido a buscarla.

El rostro de Virginia se ensombreció.

—Mejor no hablemos de ella, terminemos de comer. —A Yolanda le cambiaba el semblante para mal cada vez que se mencionaba el nombre de Gloria.

—Voy al baño —dijo Virginia, levantándose de la mesa.

Una vez dentro, cerró bien la puerta, sacó su celular y marcó el número de Jaime Granados.

Sin embargo, la llamada no entraba.

Apretó los dientes y le envió un mensaje a Federico.

[¡Salva a Gloria y al niño, o te vas a arrepentir toda la vida!]

***

Alicia Vallejo llegaría a Río Alicante al día siguiente.

A espaldas de Federico, llamó a Pablo Ibarra.

—Pensé que no me contestarías.

Al darse la vuelta para salir del pasillo, Al darse la vuelta y ver a Federico apoyado en el marco de la puerta, se quedó helado.

Federico tenía las manos en los bolsillos y lo miraba con una frialdad que intimidaba.

—Se... se... señor... Jefe... —Pablo se puso pálido como un fantasma.

Federico apretó la mandíbula, marcando sus facciones.

—Conque «no se sabe nada más», ¿eh?

A Pablo le castañeteaban los dientes.

Gloria había estado en aquel extraño hotel donde él pasó la noche. Si de verdad hubiera pasado algo, todo tendría sentido. ¡Hasta ese maldito sexto sentido que lo estaba volviendo loco habría tenido razón de ser!

El sonido de una notificación rompió la tensión. Federico sacó su celular, revisó la pantalla y sus pupilas se contrajeron de golpe. Dio media vuelta y se alejó con pasos largos y apresurados.

—¡Señor Córdoba! ¿Adónde va? —Pablo temió lo peor y corrió tras él—. ¡No hay pruebas definitivas de eso, no haga una locura!

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