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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 542

Gloria asintió de inmediato.

—Claro que sí, siempre y cuando quieras quedarte con nosotros. Y lo más seguro es que nos mudemos.

—¡Obvio me quedo! Lalo es un pan de Dios y tú eres muy buena onda, está difícil encontrar otra jefa así —respondió la mujer con sinceridad—. Pero no lo digo nomás por el trabajo, hazlo por ti misma. ¡Tienes que cuidarte, esto no puede volver a pasar!

Gloria sintió un nudo en la garganta y agradeció el consejo.

—Gracias. Te prometo que no volverá a ocurrir algo así.

Pensó que, por ahora, el secreto sobre el verdadero padre de Lalo estaba a salvo. Como Federico seguía sin saberlo, no iba a seguir investigando.

Casarse otra vez con él era jugársela demasiado, pero quitarse de encima a los Mendizábal era una urgencia mayor.

—¿Y a dónde nos vamos a mudar? ¿Qué pasó con Virginia al final? —preguntó la niñera por instinto—. ¿Ella te consiguió otra casa?

Al escuchar el nombre de Virginia, Gloria sintió una punzada en el pecho.

En un solo día, su vida se había puesto de cabeza.

Nunca se imaginó que después de divorciarse volvería a enredarse con Federico, y mucho menos que llegarían al punto de volverse a casar.

Y tampoco pensó que terminaría en tan malos términos con Virginia.

—No, me voy a ir a otro lado.

Al verle la mala cara, la niñera cambió de actitud rápidamente.

—Sale, yo te sigo a donde vayas y me dedico cien por ciento a Lalo.

Al poco rato, el bebé se volvió a quedar dormido.

Cuando Gloria salió a la sala, Pablo ya estaba ahí.

Sobre la mesa descansaban dos copias del acuerdo y un bolígrafo.

Gloria se sentó y apenas tomó las hojas para leerlas, cuando Federico soltó:

—¿Tanta desconfianza me tienes?

—No es eso —negó ella, pasándose directamente a la última página.

Allí, la firma firme e impecable de Federico ya estaba estampada.

Ella tomó la pluma y firmó justo debajo.

El acuerdo lo había redactado ella misma, así que Federico no tenía por qué haberle modificado nada. Después de todo, no había nada de él que a ella le interesara quedarse.

El Maybach arrancó lentamente.

Justo cuando desaparecían al final de la calle, una figura salió corriendo del edificio.

—¡Gloria!

Era Jaime. Llevaba puesta la pijama y traía el pelo hecho un desastre.

Corrió persiguiendo el coche por media cuadra hasta que las pantuflas salieron volando. Pisó una piedra descalzo y soltó un quejido de dolor.

Cayó sentado en el pavimento, con la planta del pie sangrando un poco.

—¡Federico, cabrón, me la volviste a ganar!

Le gritó a lo lejos a las luces rojas del auto:

—¡Gloria, ¿por qué te fuiste con él?! ¡Yo también podía defenderte de esos Mendizábal!

Furioso, sacó su celular y marcó un número.

—¡Contesta, carajo, contesta!

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