Cuando la llamada entró, se escuchó la voz de Virginia al otro lado.
—¡¿Qué chingados pasó?! ¿Por qué Gloria se fue con Federico? —exigió saber Jaime, perdiendo los estribos.
—¡¿Qué tal si ese güey se aprovecha de ella?!
—¿Se fue con Federico? —La voz de Virginia sonó llena de emociones encontradas—. Ay, Jaime. Te puse la oportunidad en bandeja de plata y no la aprovechaste. Vives en el piso de abajo y dejaste que te ganaran el mandado.
Jaime se rascó la cabeza, despeinándose más.
—Es que... me quedé bien dormido.
—Sabías que los Mendizábal andaban al acecho y que Gloria estaba en peligro, ¿y te pusiste a dormir?
Virginia no le tuvo ni una gota de lástima.
—Se nota que no eres tan movido como Federico. Qué bueno que se fue con él... Solo espero que Gloria no me guarde rencor en el futuro.
Jaime soltó una grosería.
—¡No manches! ¿A poco siempre voy a perder contra ese cabrón? ¡Me vale madre si son los Mendizábal, yo no me rindo...!
Colgó el teléfono haciendo corajes.
***
En la zona residencial Santa Cruz.
Era un fraccionamiento exclusivo en las afueras de Río Alicante, ubicado entre la montaña y el mar.
La habitación de Federico estaba en el tercer piso del lado derecho. Acomodó a Gloria y a Lalo en la recámara izquierda, separados únicamente por las escaleras.
—Señor Córdoba, me asignaron el cuarto en la planta baja, va a estar cañón ayudar a Gloria con Lalo desde allá. ¿No prefiere que ella y el niño también duerman abajo?
Desde la planta baja, la mujer ni siquiera alcanzaría a oír al bebé llorar por las noches.
Federico se recargó en el barandal de las escaleras del tercer piso.
—Usted se encarga de cocinar para Gloria y de echarle un ojo a Lalo cuando baje a jugar. El resto del tiempo no la necesito aquí arriba.
—¿Cómo dice? —La mujer la miró confundida y luego volvió la vista hacia Gloria.
Gloria se levantó del sofá, se acercó al pie de la escalera y miró hacia arriba.
—Nunca he cuidado a Lalo sola en la noche.
—Para eso estoy yo —respondió Federico de inmediato.
Gloria se detuvo un segundo y luego recuperó la compostura.
—Ambas.
Al fin y al cabo, era un matrimonio por contrato, cada quien sacaba su propio beneficio.
—Más te vale mantener las cosas así de claras siempre —dijo él, se levantó y salió de la habitación.
Cuando Gloria terminó de instalarse y bajó a la cocina, la niñera le avisó que Federico se había ido a la oficina y que no regresaría a cenar.
—Oye, Gloria, el señor me dijo que te empezara a llamar "señora". ¿A poco ya se casaron? —susurró la mujer, acercándose de chismosa—. ¿Entonces Lalo sí es suyo?
Gloria frunció el ceño.
—Tú sígueme diciendo Gloria.
La mujer se le quedó viendo, esperando a que contestara la otra pregunta.
—Ya me dio hambre, ¿a qué hora cenamos? —cambió de tema la joven abruptamente.
—Ahorita mismo. Hice caldo de res, sírvete un poco mientras terminamos de preparar la cena —respondió la mujer, captando la indirecta. Se metió a la cocina y salió con un plato humeante.
Gloria tomó el caldo a sorbitos, sin quitarle los ojos de encima al bebé que descansaba en su carriola.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA