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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 548

Dicho esto, el ama de llaves fue al comedor, agarró el celular de Gloria y se lo puso en las manos.

—Márcale usted misma.

Sin darle tiempo a responder, la mujer se dio media vuelta y regresó a la cocina.

La pantalla apagada del celular reflejaba la expresión indecisa de Gloria.

Tras un largo momento, soltó un suspiro pesado y caminó hacia el balcón.

Gloria marcó el número de Virginia. Apenas sonó un par de veces antes de que alguien contestara.

—¿Bueno? —La voz al otro lado de la línea no era la de Virginia, sino la de un niño.

—Busco a Virginia.

Hubo un silencio de unos segundos al otro lado, y luego el niño respondió con tono molesto:

—Ya sé quién eres, la única amiga de mi hermana. Pero mis papás dicen que ella ya no se puede juntar contigo.

Gloria se quedó muda sin saber qué responder.

—Mi hermana ya no se va a juntar contigo, así que ya no le vuelvas a marcar.

Y sin más, el niño le colgó.

—Oye... —Gloria ni siquiera alcanzó a replicar cuando escuchó el tono de fin de llamada.

Trató de marcar de nuevo, pero la mandó a buzón.

Quiso mandarle un mensaje, pero no supo ni qué escribirle.

¿Debía decirle que dejara de escarbar en el pasado? ¿Que mejor le hiciera caso al plan de José y Yolanda, y se fuera del país a vivir tranquila el resto de su vida?

Pero, ¿con qué derecho le pediría algo así?

¿Quién iba a compensarle a Virginia los más de veinte años que vivió separada de sus padres?

Y todo el sufrimiento que Yolanda aguantó estos años, ¿quién iba a pagarlo?

Ahora ya se habían reencontrado, pero si no lo hubieran hecho, si hubieran vivido toda su vida con ese vacío, ¿quién habría cargado con esa culpa?

Gloria deseaba con toda su alma que, sin importar cuál fuera la verdad, no arruinara los años de amistad que tenía con Virginia.

Sin embargo, no tenía derecho a hacerse a un lado. Aunque terminara salpicada por todo aquello, ella también formaba parte de esa historia y no era del todo inocente.

Esa misma tarde, Pablo le mandó un mensaje avisándole que ya había sepultado la noticia sobre lo que Lucas dijo en la capilla de los Mendizábal respecto a que él también había perdido a una hija.

Ahora, esa información solo la sabían los miembros de la familia Mendizábal que estuvieron presentes ese día.

Federico tragó saliva y su mirada se volvió más intensa.

—Ya terminé de bañarme, ya puedes irte a tu cuarto a descansar.

Gloria caminó hacia el otro lado de la cama y bajó aún más la intensidad de la luz.

—¿A cuál cuarto? —Federico se recostó en la cama, ocupando el lado opuesto—. Esta noche duermo aquí.

—No inventes. —Gloria se apresuró a rechazar la idea—. Habíamos quedado en que esto era solo un acuerdo por conveniencia.

Federico se apoyó en una mano y respondió con toda la seriedad del mundo:

—Exacto.

Un acuerdo por conveniencia, y lo que a él le convenía ahora mismo era precisamente eso.

—¿Exacto qué? —Gloria no entendió a qué venía esa mirada tan intensa ni qué intenciones ocultaba.

Federico se aclaró la garganta y repitió lo que ella había dicho:

—Un acuerdo por conveniencia.

Pasaron unos segundos en silencio hasta que las orejas de Gloria se pusieron rojas de golpe.

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