Entrar Via

EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 549

Seguro estaba imaginándose cosas.

Aunque sentía la cara arder, Gloria no dejaba de repetirse mentalmente que seguro estaba malinterpretando la situación.

—No es buena idea, no está bien.

Estiró las sábanas, dándole a entender a Federico que se bajara de su cama.

Y que se alejara de Lalo.

Pero Federico se quedó ahí acostado, sin mover un solo músculo.

—¿Por qué no está bien?

Eran marido y mujer ante la ley, ¿qué tenía de malo?

—Gloria, tú me conoces mejor que nadie.

Conocía perfectamente su resistencia y sabía muy bien de lo que era capaz en la intimidad.

Sabía que, en ese aspecto, siempre había sido muy demandante.

Gloria apenas se estaba dando cuenta de que volver a casarse con él no iba a ser tan sencillo como había pensado.

Aquel día pasaron demasiadas cosas y, con las prisas, no se detuvo a pensar en las implicaciones de volver a ser marido y mujer ante la ley.

Se le olvidó por completo poner una cláusula sobre las obligaciones conyugales en su acuerdo.

Había pasado años a su lado y sabía perfectamente cómo era.

En los negocios y en la vida personal, siempre encontraba la manera de sacar ventaja de cualquier situación.

Se mordió el labio y miró a Lalo en la cama; toda la situación se sentía demasiado incómoda.

Federico la miraba de reojo, notando cómo su ceño se relajaba y se volvía a fruncir, repitiéndolo un par de veces.

—¿Qué tanto piensas? —dijo él con tono tranquilo—. Ya acuéstate.

—¿Qué? —Gloria se desconcertó y bajó la mirada hacia donde él señalaba.

Federico estaba recostado a la izquierda de Lalo, así que a ella solo le quedaba el lado derecho.

—¿Acaso crees que soy de los que obligan a los demás? —preguntó Federico a la defensiva.

Gloria levantó la cobija y se acostó. Su silencio no era una negación, sino todo lo contrario.

Aunque esta vez se había imaginado cosas, Federico sí era de los que obligaban a los demás a hacer lo que él quería.

Se acomodó de lado, mirando a Lalo. Federico estaba boca arriba; su perfil bien definido le daba un aire de absoluta superioridad.

Sin darse cuenta, Gloria se quedó profundamente dormida.

En el sueño, Gloria había irrumpido en la casa de la familia Córdoba para recuperar a su bebé. En medio del forcejeo, agarró la mano de Federico y, sin pensarlo dos veces, le soltó una mordida con todas sus fuerzas.

—¡Ah, cabrón!

Federico soltó un quejido ahogado. Gloria le había prensado el dedo anular con los dientes.

—¡Gloria, suéltame! ¡Pareces perro rabioso!

—¿Mmm? —Gloria despertó de golpe; quiso hablar, pero tenía algo en la boca.

Tardó unos segundos en reaccionar. Cuando su vista se aclaró, se topó con la mirada furiosa de Federico.

—¡Abre la boca!

Gloria soltó la mordida.

Federico retiró la mano de golpe. Las marcas de los dientes habían quedado hundidas en su dedo anular, pálido por la presión.

—¿Qué te pasa? ¿Muerdes o qué?

Gloria se sentó en la cama, con el pelo alborotado y una expresión de pura confusión.

—Yo... tú...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA