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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 550

¿Por qué me metiste el dedo en la boca?

Sonaba feo preguntarlo así, pero si Federico no hubiera acercado la mano, ¿cómo iba ella a morderlo?

En el sueño había mordido con puro coraje. Si tuviera los colmillos más afilados, capaz y le arrancaba el dedo.

Federico se levantó y caminó hacia el baño.

—¿A dónde vas? —preguntó Gloria, yendo detrás de él con la intención de buscar el botiquín de primeros auxilios.

—A lavarme con agua y jabón para que no me dé rabia —respondió él.

Gloria frenó en seco.

Debió haberle mordido más fuerte.

Media hora después, Gloria bajó al primer piso con Lalo en brazos.

—Gloria, mire, ¿esta es Virginia, verdad?

El ama de llaves se acercó mostrándole su celular—. Resulta que ella es la hija perdida de los Mendizábal. ¡Qué afortunada!

En la portada del Diario de Río Alicante anunciaban que José daría una fiesta al día siguiente para presentar oficialmente a su hija ante todos.

En la foto, Virginia salía cargando a Bruno, justo en medio de José y Yolanda.

Delante de ellos estaba Fabio Mendizábal, el hermano menor de Virginia.

Atrás de la imagen, como de relleno, salían Lucas y la señora Mendizábal. Ambos tenían una cara de pocos amigos.

Para nada parecían felices de que José hubiera recuperado a su hija después de tantos años.

—Qué buena foto eligieron.

Federico comentó eso al pasar junto a Gloria con una taza de café en la mano.

Gloria dejó el periódico a un lado.

—¿Te llegó la invitación de los Mendizábal?

—Mandaron una invitación digital, te la reenvié a tu correo —dijo Federico mientras se sentaba a la mesa—. Yo no tengo tiempo de ir, ve tú.

Gloria sacó su celular para revisar su bandeja de entrada, pero al escucharlo, se detuvo de golpe.

—¿Que vaya yo?

—Sí. Aprovecha para entregarle un regalo a José de mi parte.

Gloria se acercó a la mesa y se le quedó viendo.

—¿Estás seguro de que quieres que le entregue un regalo y no un problema?

—Mamá.

Alicia, que estaba sentada, le echó una mirada llena de enojo.

—¡Contigo hablaré después!

Federico caminó hacia la ventana y se quedó ahí parado. Su silueta alta bloqueaba la luz del sol; al estar a contraluz, su rostro quedaba en sombras, haciendo imposible descifrar lo que estaba pensando.

Irene se mordió el labio con fuerza. Con esa actitud, ya veía muy difícil poder convertirse en la señora Córdoba.

Su única esperanza era Alicia; si ella seguía apoyando el matrimonio...

Clic.

Raúl entró por otra puerta, con un altero de resultados médicos en la mano.

—Señora, Federico. Una disculpa por la demora.

Le tendió los estudios a Federico.

Federico levantó la barbilla, indicándole que se los pasara a su madre.

Alicia no aguantó más la intriga.

—Ya ve al grano, ¿qué tiene la muchacha?

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