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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 553

En la carretera, dentro de una camioneta que avanzaba a toda velocidad, Alicia se masajeaba las sienes con evidente cansancio.

De pronto, como si hubiera recordado algo, sacó su celular y marcó el número de Pablo.

—¿Dónde está Gloria?

Pablo no se atrevió a ocultarlo. —En Bahía Montero.

Alicia colgó y le dio indicaciones al chofer: —Vamos a Bahía Montero.

Una hora después, la camioneta se detuvo frente a la entrada de Bahía Montero.

Justo coincidió con la llegada de Federico.

Federico estacionó su coche y se apresuró a interceptar a Alicia antes de que entrara.

—¿Qué te pasa? —Alicia respiraba agitada—. ¡Con todos los problemas que has provocado, parece que tu único objetivo es sacarme de quicio!

—Si insistes en hacer corajes, yo no puedo hacer nada al respecto.

Federico se metió las manos en los bolsillos y bloqueó la puerta. —Han surgido imprevistos. Dame algo de tiempo para arreglar las cosas con Gloria.

—¿Qué hay que arreglar? —replicó Alicia—. Ya tuvo al bebé, ¿crees que voy a impedir que forme parte de la familia Córdoba?

En ese momento, para ella, ¡cualquier persona era mejor opción que Irene para integrarse a la familia!

—No se trata de si usted la acepta o no. Se trata de si ella quiere formar parte de esta familia y en qué condiciones.

La mirada de Federico se volvió intensa. —No se meta en este asunto.

Alicia estaba furiosa. —¿Todavía que le abro las puertas se va a poner sus moños?

—No tiene nada que ver con usted. Ella y yo tenemos cuentas pendientes, pero ahorita ella tiene asuntos que resolver con los Mendizábal. Lo nuestro tendrá que esperar. Mientras tanto, no venga a echar a perder las cosas.

Eso de «echar a perder» encendió la mecha de Alicia de inmediato.

—¡Se trata del primogénito de la familia Córdoba, mi propio nieto! Ya tiene más de un mes de nacido y ¡ni siquiera lo conozco! Tus abuelos no tienen idea, tu papá tampoco sabe nada. ¿Qué tiene de malo que quiera verlo un rato?

Federico se pellizcó el puente de la nariz. No le preocupaba que Alicia fuera irracional.

Le preocupaba que intentara manipularlo apelando a los sentimientos y a la lógica.

—Venga mañana y la dejo ver al niño. Pero sobre el tema de reconocerlo oficialmente y de avisarle a los abuelos, todavía no podemos decir nada.

Si don Mariano Córdoba y doña Valentina de Córdoba se enteraban, seguramente tomarían el primer vuelo a Río Alicante.

Alicia estiró el cuello, intentando espiar el interior de la casa a través del cristal.

En la cuna, las manitas de Lalo se agitaban mientras lloraba a todo pulmón.

—¿Quién está cuidando al bebé?

Federico echó un vistazo hacia adentro. —La niñera.

—¿Y sí es de confianza? —Alicia no apartaba la mirada de aquellas manitas—. ¿Cuánto le pagas? Si quieres, te mando a Margarita. Ella tiene mucha experiencia con los niños, a fin de cuentas, ella te crio a ti.

Federico lo pensó un momento. —Me parece bien.

El ama de llaves se interpuso en la vista para cambiarle el pañal a Lalo.

Alicia apartó la mirada. —Quedamos en que mañana vengo.

—Espere mi llamada —respondió Federico, viéndola marchar.

En cuanto regresó a su camioneta, Alicia llamó a la mansión familiar. Puso como excusa que, por motivos de trabajo, tendría que quedarse una temporada en Río Alicante, y ordenó que Margarita fuera a acompañarla.

La camioneta arrancó y desapareció por la calle.

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