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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 554

Cuando Gloria se asomó por la ventana, alcanzó a ver el vehículo dando vuelta al final de la calle.

Bajó las escaleras y se topó de frente con Federico, que apenas iba entrando.

—¿Tú mandaste este vestido?

Gloria sostenía un elegante vestido color champaña, de cuello alto y corte recatado.

La talla era perfecta y encajaba a la perfección con su estilo.

—Si vas a ir a esa fiesta en mi representación, lo mínimo que puedo hacer es prepararte todo.

Federico se cambió los zapatos y caminó hacia ella. —¿Ya te lo probaste?

Gloria asintió. —Me queda a la medida.

—Qué bueno. —Federico pasó de largo y se dirigió a la sala.

Levantó a Lalo, lo acostó a su lado en el sofá y se puso a trabajar en sus asuntos.

El pequeño se quedó ahí, tranquilo, sin hacer berrinches. Si le daba sueño, cerraba los ojitos un rato; si no, se quedaba mirando todo a su alrededor.

Solo lloraba de vez en cuando, y era porque tenía hambre o el pañal sucio. Una vez resuelto el problema, se quedaba jugando a un lado de Federico.

Su comportamiento era completamente distinto al que mostraba cuando estaba a solas con Gloria.

Cuando Gloria se quedaba a solas con él, el niño no dejaba de quejarse para que lo cargara. Incluso después de comer, le exigía que lo trajera en brazos dando vueltas por toda la casa.

—La persona que vino hace un momento... ¿era alguien de la empresa?

Se refería a la camioneta que había visto.

Federico mantuvo la vista fija en sus documentos. —No.

—¿Era la señora Vallejo? —adivinó Gloria.

—Sí —afirmó él sin dar más detalles.

Gloria se acercó y se sentó. —¿Y por qué no pasó?

Federico jugueteaba con los piecitos de Lalo mientras la miraba. —¿Qué pasa? ¿Te quedaste con ganas de discutir con ella?

—Por supuesto que no.

En realidad, Gloria quería saber qué le había dicho Federico a Alicia.

A la mañana siguiente, a las nueve en punto, Pablo pasó a recoger a Gloria para llevarla al hotel.

A mitad del camino, Pablo preguntó con cautela: —Oiga, Gloria... ¿cómo van las cosas con el señor Córdoba?

—¿A qué te refieres? —respondió Gloria a la defensiva—. Tú mismo imprimiste el acuerdo de nuestro matrimonio. Es solo por un año, cada quien obtiene lo que necesita. Es como un trabajo más.

—¿En serio? —Pablo se mostró sorprendido.

¡Qué aguante tenía Federico! ¿De verdad no había soltado la sopa sobre el tema del bebé todavía?

—Entonces... ¿no piensa decirle la verdad al señor Córdoba? Lo del niño...

Gloria negó con la cabeza. —Ahorita todo el mundo cree que el niño es de Jaime Granados. Hasta Federico se lo creyó, ¿no? ¿Para qué voy a aclarar las cosas?

Al escucharla hablar con tanta naturalidad, Pablo sintió lástima por su jefe en silencio.

—Pues... le deseo mucha suerte, Gloria.

Le dedicó una sonrisa amable, deseándole lo mejor de todo corazón.

Gloria percibió de inmediato que algo andaba mal. —¿Me estás ocultando algo? ¿Acaso me traicionaste?

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