—¿Correrla?
Gloria la miró sorprendida.
—¿Qué le dijo?
La nana suspiró.
—Hoy en la mañana el señor Córdoba de la nada me dio el día libre y me mandó a la calle. me dijo que mañana vendrá alguien para encargarse por completo de cuidar a Lalo, y que yo solo me enfoque en atenderla a usted.
Aunque Federico le había asegurado que su trabajo sería cuidar de Gloria, ella seguía intranquila; sentía que era una táctica para irla desplazando y terminar despidiéndola.
—Ay, Gloria, de verdad que es muy raro toparse con patrones tan buenos. Si siente que estoy fallando en algo, dígamelo con toda confianza. Ayúdeme a hablar con el señor Córdoba; si me corren, me va a costar muchísimo encontrar otro trabajo, ¡por favor no me vayan a dar malas recomendaciones...!
—Yo la contraté para cuidar a Lalo, y si yo no lo autorizo, nadie la va a correr.
Gloria le dedicó una mirada tranquilizadora.
—Usted sígale con lo suyo, yo voy a investigar qué pasó. Seguro es un malentendido.
La nana asintió repetidamente.
En la sala, Gloria se sentó frente a Federico.
—¿A quién contrataste para cuidar a Lalo?
—A Margarita —respondió Federico con voz suave—. Cuando ni tú ni yo estamos en casa, la nana se queda sola con Lalo y me preocupa que sea demasiada carga para ella.
Gloria lo miró con suspicacia.
—¿Le contaste a tu abuela y a los demás que nos volvimos a casar?
Federico notó la obvia renuencia en su tono.
—No. Margarita nos va a guardar el secreto.
—Más te vale. Pero la próxima vez que se te ocurra algo así, avísame antes. La verdad, no creo que haya necesidad de hacer venir a Margarita desde tan lejos.
Gloria pensaba que, aunque tuviera que salir a hacer algún mandado, nunca se tardaba mucho; al fin y al cabo, tenía un bebé en casa que dependía de ella.
Federico cerró de golpe su laptop. Su rostro anguloso reflejó una clara molestia y frunció el ceño.
—Gracias —dijo Gloria rápidamente al notar su mala cara, y se levantó para irse.
No le quedó de otra más que aceptar su «ayuda» a regañadientes y encima darle las gracias.
—¿Adónde vas?
—A ver a un amigo.
Yolanda dudó un segundo, pero no se pudo aguantar:
—¿Vas a ver a Gloria?
—No. Un amigo me está esperando en el lobby del hotel. Lleva un buen rato aquí y ni siquiera he podido saludarlo.
Virginia se agarró del brazo de Yolanda.
—Ni siquiera voy a salir del edificio.
Yolanda no le creyó.
—Gloria también vino hoy, ¿verdad que te mandó mensaje? ¿Sigue aquí esperándote?
—¿Qué? —La sonrisa de Virginia se desvaneció un poco—. ¿Gloria vino? ¿Usted la vio?
—Yo no, pero tu papá sí —Yolanda hizo una mueca de disgusto al mencionarla—. Vino a dejar un regalo a nombre de Federico. Virgi, de verdad no quiero que te sigas juntando con ella. Hazme caso, vámonos del país y corta toda relación con esa muchacha. ¿No te parece lo mejor?

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