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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 571

—¿Y yo qué voy a saber? —respondió Federico, su voz cargada de un tono pesado—. Pregúntale tú a ella.

—Ya se lo pregunté a Jaime, pero se hizo el interesante. Hasta dio a entender que entre él y Gloria hay algo más que una amistad.

—¿Ya terminaste?

—Puede que lo de Jaime sea mentira, ya sabes que le fascina exagerar —continuó Raúl de forma tentativa—. ¿Por qué no le preguntas tú a Gloria?

—¿Qué tendría yo que preguntarle? —El tono de Federico sonaba completamente sereno—. Mejor ocúpate de tu nuevo papel como papá y deja de andar de chismoso.

Tras lanzar su advertencia, colgó el teléfono. Apretó el teléfono con tanta fuerza que se le marcaron los nudillos.

Luego de unos segundos de silencio absoluto, arrojó el celular contra la cama con tal furia que el aparato rebotó un par de veces y estuvo a punto de caer al suelo.

—Le dieron con un cenicero, ja. Que se aguante.

A la hora del almuerzo, Federico bajó al comedor.

Al acercarse a la mesa, vio a Margarita sirviendo los platillos.

—Señor, coma rápido antes de que se enfríe. La señora avisó que no va a comer, pero como el niño está en plena lactancia, ¡le prepararé una bandeja para llevársela arriba!

Federico se detuvo justo a la mitad del movimiento de retirar su silla.

—¿No va a comer?

Margarita asintió.

—Así es. Salió esta mañana y regresó muy alterada, parece estar de pésimo humor.

—Señor, ¿por qué no se lo lleva usted?

Al escuchar esa sugerencia, el ama de llaves, que acababa de entrar con la sopera, abrió los ojos como platos.

Si bien Federico participaba de forma muy activa en el cuidado de Lalo, no tenía para nada la apariencia de alguien dispuesto a servir a los demás.

¿Acaso accedería a subirle la comida a Gloria como si fuera un recadero?

—Dámelo —Federico tomó la bandeja que Margarita había preparado y se dirigió hacia las escaleras.

El ama de llaves se acercó de inmediato a Margarita, asombrada.

—Qué bueno. Sin embargo, ya no te metas más en el asunto de Lucía. Retira a tu gente.

—¿Por qué? —protestó Jaime, de mala gana—. Solo quiero ayudarte.

—No quiero que te hundas en este pantano de los Mendizábal. Ya has hecho más que suficiente por mí —aclaró Gloria.

Jaime soltó un bufido de frustración.

—A fin de cuentas, Gloria, sigues sin considerarme alguien de tu entera confianza. Seguro ya armaste tu plan para lo que sigue, pero en ese plan yo no existo. Piensas recargarte en Federico, ¿verdad? En el fondo, a tu subconsciente solo le importa él.

—No es así...

—Mira, no le demos más vueltas. Solo quiero hacerte una pregunta clara: nuestro acuerdo de trabajo sigue en pie, ¿cierto? ¿Lo vas a elegir a él o te vienes a trabajar conmigo?

Al soltar esa pregunta, Jaime sintió cómo se le encogía el corazón de pura tensión.

Por suerte, Gloria contestó de inmediato, sin el menor atisbo de duda:

—Por supuesto que te elijo a ti.

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